De profesión, ¡florista!
Especial de Emilia Nardi para Economía & Viveros.

El principio rector de toda profesión está basado en una correcta capacitación. Hoy, más que necesario, es imprescindible capacitarse para enfrentar una competencia feroz de mercado.
La integración de tradiciones culturales, conocimientos sobre botánica, metodología de trabajo, artesanía manual, impulsos y emociones que componen un diseño floral se manifiestan en el resultado.
Puedo crear por la experiencia vivida. Necesité reflexionar, analizar, estudiar, buscar y encontrar elementos válidos; valorar contrastes, combinaciones y extravagancias, que me llevarán, finalmente, a interpretar conceptos y a generar definiciones que me permitan transmitir emociones.
La tradición está conformada por memorias ancestrales, huellas y raíces del pasado que se manifiestan como innovaciones potenciales. Somos inmensamente ricos en climas, suelos, texturas, colores y elementos, que, incluidos en una composición, hacen posible descubrir la fuerza de cada uno de ellos. Evocar un relato, interpretar un sentimiento, integrar modos de uso, resolviendo espacios intermedios entre ayer y hoy, aportan un valor agregado al simple hecho de decorar.
La naturaleza, fuente de inspiración. Las plantas, cada una de sus partes, su comportamiento, sus necesidades. Raíces, tallos, hojas y flores nos ofrecen mil posibilidades al momento de incorporarlos en una composición.
¿Qué método de elaboración utilizar? ¿El diseño será simétrico o asimétrico? ¿Qué expresión de textura? ¿Qué proporción? ¿Línea vertical, activa y enérgica, u horizontal y pasiva? Experimentar forma y espacio. Estética. Belleza.
Respeto por el material y perfecta manipulación. Recipientes limpios, libres de bacterias, agua fresca renovada diariamente; cortar el extremo de los tallos, aproximadamente, dos cm en diagonal; mantener las flores lejos de corrientes de aire y de los rayos del sol; todos son pasos que garantizarán la conservación y duración requerida.
Desde la cosecha hasta la venta: el correcto estibaje, la utilización de cámara fría con una temperatura estable durante el almacenamiento (aproximadamente 5 ºC) y por períodos breves; el transporte adecuado: preferentemente con agua y temperaturas de 5 ºC, dará como resultado un producto inmejorable, rendidor y en perfectas condiciones hasta el momento de la utilización.
El tratamiento poscosecha garantizará la perfecta absorción de agua, la manipulación posterior hará que la duración de la flor sea óptima. El cliente valora especialmente este punto al momento de decidir su compra más que cualquier otro aspecto, incluido el precio final.
Educar al comprador instruyéndolo sobre el mantenimiento requerido por un diseño, sea este un ramo de mano o bien una composición realizada sobre esponja floral, hará que regrese al punto de venta, transformando la compra de flores esporádicas en un hábito y una necesidad. La honestidad y el respeto hacia el cliente siempre resultan beneficiosos.
Quizá el mayor desafío para un florista profesional sea la elección del material. Es común que se utilicen siempre los mismos elementos: rosas, dianthus (clavel), lilium longuiflorum (azucena), antirrhinum majus (conejitos), etc., pero la riqueza en la variedad de los materiales subordinados: flores pequeñas y verdes adecuadas harán que la composición tenga un carácter natural distintivo.
En técnicas más complejas, el resultado es una composición con gran fuerza visual, más artesanal, que incorpora un valor agregado al simple hecho de manipular flor. El objetivo debe ser planteado desde el inicio: la elección del material, los elementos complementarios, la definición de la forma, la fuerza del color, el equilibrio, y sobre todo, la metodología en el desarrollo del acto de crear.
Estética y belleza de los elementos florales, perfectos, radiantes. Semillas, vainas, cortezas y tallos en perfecta proporción y armonía de color. La perfección de la naturaleza es fuente de inspiración para el florista; el respeto que nos embarga al ver una flor deberá ser trasladado a la composición.
El diseñador floral japonés Keita Kawasaky ha dicho: “La flor se deber ver feliz en una composición”. Es un acierto, un resumen no solo de su vasta experiencia, sino de su filosofía de vida.
Cómo llegar a esto. La capacitación es un camino, permite innovar, adaptar, construir, hacer del oficio un arte, una destreza. El propósito deberá ser justificado: destacar el valor de los materiales, el dominio de la expresión de la flor por sobre todos los elementos utilizados en la composición.
Técnicas adecuadas: transparencias, contraste específico de elementos, manejo de tonos y valores, conexiones de expresión, el color como puente y nexo de emociones. Efectos ópticos que pueden disolver formas, repetirlas, abstraerlas a la mínima expresión. Dominio simbólico de accesorios. Definiciones de diseño. Propósito creativo. Objetivo preciso: la flor como medio transformador.
Texto: Emilia Nardi (Floral Designer de la Universidad de Pavia (Italia)






