El negocio del paisaje en la Argentina

Tres reconocidos paisajistas: Virginia Laboranti, Gladys Hlavka y Eduardo Stafforini exponen los problemas qué deben enfrentar en su profesión y  también, sobre cómo los resuelven.

  • Con acento en la formación

Considero que en nuestro país todavía no está instalada la necesidad de contratar a un licenciado en Planificación y Diseño del Paisaje, un arquitecto especializado en Arquitectura Paisajista, un arquitecto o ingeniero agrónomo Planificador de Paisajes,  etc. Por supuesto que hay excepciones. (…) En estos momentos, para diseñar y construir jardines,  a lo sumo se llama a un paisajista con buen gusto, y si es posible, con algún renombre social, a fin de poder lucirse diciendo que el diseño fue realizado por tal o cual persona más o menos distinguida en el ámbito. Con respecto a las plazas, parques y demás obras públicas, es posible decir que  son muy pocas las municipalidades que contratan a un profesional entrenado en la materia.  A lo que quiero referirme es que aún no se tiene el criterio formado para convocar a profesionales universitarios que cuenten con sólidas especializaciones. Así comenzó a dar su opinión la arquitecta y planificadora de paisajes Virginia Laboranti, expresidenta del Centro Argentino de Arquitectos Paisajistas (CAAP).

Pero el que sabe tiene trabajo y lo puede cobrar bien, nos dice la Ing. Agr. y paisajista Gladys Hlavka, y a la vez, agrega: Los cursos de paisajismo de uno o dos años no bastan para formar a un paisajista. Son solo una introducción a la profesión. Existen carreras de grado que prepara verdaderos profesionales en la materia, y son los que tendrán los conocimientos adecuados para resolver desde el diseño hasta el asesoramiento sobre cuidados.

La arquitectura paisajista es una profesión relativamente nueva en Latinoamérica, y llevará un tiempo educar a quienes deben tomar las decisiones institucionales, desde los distintos ámbitos (gubernamentales, empresariales, etc.) y también, al público en general, para que la tengan en cuenta, concluye sobre este punto Virginia Laboranti.

  • La venta

Difícilmente se puedan establecer reglas que aseguren una venta exitosa. Entonces, la mejor manera de llegar a quienes nos necesitan es sabiendo qué es lo que buscan, mostrarles que les estamos respondiendo con nuestra propuesta a lo que ellos quieren en su jardín.

Para lograr ese objetivo, debemos contar con un muy buen análisis previo del lugar y de nuestro cliente. No importa, aun, si se puede llevar adelante o no, simplemente todo se releva, todo se analiza, todo se estudia, dice Eduardo Stafforini, presidente de la Sociedad Argentina de Paisajistas.

Mi experiencia me dice que presupuesto entregado es tarea cumplida. A partir de ello, el cliente decidirá cuándo llama o no. Jamás me comunico para averiguar si se decidieron, salvo que razones técnicas lo justifiquen, agrega.

Eduardo, ¿cómo definen los paisajistas el precio de un diseño?

Te digo las formas habituales: a) Horas profesional que llevará el armado de la propuesta, presentación incluida (cada uno tiene su valor propio); b) Porcentaje del resto de los ítems incluidos en la propuesta (si es diseño solamente, puede estar entre un 7 y un 15%. Si es diseño y dirección entre un 12 a un 40%, esto depende de la envergadura de la obra); c) Por la “cara del cliente”; y d) Por montos fijos en relación con el tamaño del parque, con parámetros entre tal y tal. Yo cobro en función de un mix entre porcentaje del monto de la obra y complejidad de la tarea.

¿Hay manera de conocer algunos números, aunque sean muy generales y estimados?

Solo te puedo dar los míos. Para los casos de hora profesional o jornada profesional, que aplico más a asesoramientos que a diseño, pero es una referencia: hora profesional u$s150. Jornada profesional entre u$s600  y u$s850. La variación depende fundamentalmente de ver si me permite o no, atender a otros clientes en la misma jornada.

¿Cuál es el mayor problema qué encuentras cuando sales a vender tus servicios, y cómo lo resuelves?

Suelo encontrarme con varios problemas. Si el que evalúa lo hace solamente por comparativa de precios, no soy competitivo nunca, de modo que doy por perdida la obra, porque no me interesa un cliente así. Si lo que encuentro es una presentación en planos muy cuidadosa y colorida, intento desviar la atención a lo técnico y mi experiencia – dos terrenos en los que tengo muy poca competencia y suelo quedarme con la obra-. Si él o la propietaria tienen un amigo o amiga paisajista que les hizo una presentación, depende del grado de compromiso que tengan con él o ella, y hago también referencia a garantía de reposición, visitas de asesoramiento posteriores, antecedentes, etc.

  • La personalidad del cliente

Gladys Hlavka: Recuerdo una anécdota de la primera época de mi profesión. En una oportunidad, haciendo un jardín urbano, distribuí todas las plantas, y antes de plantarlas, consulté al propietario si estaba de acuerdo. El jardín incluía cinco palmeras Pindó muy grandes y pesadas. 

Cuando hice esto, me dijo que no le gustaba la ubicación que yo les había elegido. Le mostré moviendo las plantas un par de alternativas, pero no le gustó ninguna. Entonces le dije que disponía del personal para que probara dirigiendo él mismo las ubicaciones que deseara, y me senté en un banco a observar. Luego de dos horas, me dijo que colocara las palmeras donde inicialmente yo las había distribuido por primera vez.

Con esta experiencia, aprendí que ciertos trabajos requieren que el profesional  no solo se focalice en el desarrollo paisajístico y de obra, sino también en encontrar el modo para llevar al comitente a que entienda que las ideas sugeridas son las mejores para su espacio.

Todo esto me inclinó a pensar que cuando veo una obra nueva, no solo tengo que mirar el trabajo que se debe realizar, sino también, es necesario  estudiar minuciosamente la personalidad del cliente. Solo ver su propiedad, estilo, adornos… Todos los objetos que lo rodean “dicen” tanto de la persona. Únicamente hay que saber ver y aprovecharlo al momento de trabajar.

  • Rentabilidad mundial y nacional

En los Congresos Mundiales de la International Federation of Landscape Architects (IFLA), muchos de los principales conferencistas, jurados de rosas, etc., tienen tanta cantidad de hombres como mujeres. Mientras que en la Argentina, el paisajismo está siendo llevado adelante por una gran mayoría de mujeres, porque para la generalidad de los hombres, en nuestro país, esta actividad no es rentable, y en consecuencia, no pueden mantener a una familia con esto, dice Laboranti, para continuar explicando: En una era en donde más del 50% de los habitantes del mundo vive en ciudades, el trabajo de los planificadores del paisaje es fundamental para la supervivencia de la humanidad. Ya es momento de reactualizar los movimientos  higienistas. Por esta razón, en China, la arquitectura paisajista se estudia en más de ciento cincuenta universidades; han arbolado en  todas sus calles y carreteras, y se construyen pequeños, medianos y grandes parques en todas sus ciudades.

Virginia, ¿cómo haces frente a los problemas mencionados?

Para encarar estos desafíos, hace unos dieciséis años, al comienzo de mi carrera de posgrado de Especialización en Planificación del Paisaje, en la FADU – UBA, me acerqué al CAAP, a fin de colaborar con la difusión de la arquitectura paisajista y con las profesiones relacionadas; allí me desempeñé como vocal, secretaria, vicepresidenta y presidenta.  Además, soy miembro del Centro de Investigaciones del Paisaje de la FADU – UBA, en el cual, por ejemplo, en estos momentos estamos preparando un libro sobre Historia del Paisaje. Y soy coordinadora de congresos y conferencias de la IFLA, representante argentino para la Iniciativa Latinoamericana del Paisaje (LALI), miembro de Arquitectos Paisajistas Sin Fronteras, entre otros. 

Para finalizar, represento al CAAP en la Dimensión Física del Consejo para el Plan Estratégico de la Ciudad de Buenos Aires (COPE), con el objetivo de concienciar sobre la necesidad de planificar el paisaje de la CABA (drenajes naturados, techos verdes, la creación de mayor cantidad de plazas y parques, reducción de las islas de calor, paisajes culturales.

Siempre me desempeñé como arquitecta y, en los últimos catorce años, como arquitecta paisajista. Como verás, me atrapó el trabajo institucional, porque es apasionante y muy necesario.