¿Dónde nacen las tendencias en arte floral?

Especial de Emilia Nardi para Economía & Viveros.

Foto: Emilia Nardi

Las tendencias nacen de la investigación, de las artes plásticas, de los hábitos de consumo, del estado de ánimo del individuo. De opciones no convencionales nace lo nuevo, aquello que está por llegar. Requiere tiempo de evolución, y, cuando es captado por el ojo inquieto, se propaga, se desarrolla, deja impronta.

Su elemento fundamental es el desarrollo del individuo, su apertura mental, su crecimiento.  Es imposible contenerlo, se manifiesta en actos cotidianos.  La tendencia hoy pasa por el hedonismo, por el placer; para que algún producto llame la atención tiene que llegar a los sentidos: movilizar. No alcanza con cubrir necesidades, es necesario el condimento provocador. El individuo es, finalmente, el portador de la tendencia.

El hábitat es condición importante para sostenerla. El entorno donde la persona habita forma parte del cambio. La innovación  en el uso de materia prima y la identidad de los objetos disponibles en el mercado provocan la necesidad de una respuesta adecuada, armónica y estable.

El factor de la moda, es decir, su contenido, llega a un contexto y crece, se desarrolla. La asociación entre materia prima y región geográfica lo profundiza. Tecnología e investigación, por ejemplo, en el proceso de cueros, en el tejido, entre otros, otorgan identidad a los materiales.

La tendencia se observa desde tres niveles: lo consolidado; lo emergente, es decir, aquellos conceptos o ideas que están presentes en los mensajes artísticos, en libros o revistas; y lo latente, que se manifiesta en un nivel adelantado al tiempo histórico, como lo son las expresiones filosóficas, literarias y plásticas.

Cuando hablamos de expresiones de vanguardia, estamos hablando básicamente de provocación. La vanguardia moviliza, sacude, despierta. Es también un movimiento adelantado a su tiempo, pero diferente a la tendencia. Debido, entre otras cosas, a la globalización, estamos hipermovilizados, hiperestimulados; atravesamos un período donde es cada vez más difícil provocar emociones, entonces, el uso de pocos elementos, de colores neutros (silencio) resulta provocador.

Un “hacedor” de tendencias es quien observa detenidamente el comportamiento de diferentes disciplinas, de áreas de conocimiento y de experiencias orientadas al individuo, su entorno y sus necesidades. Es básicamente un observador de los acontecimientos socioculturales que intervienen en la creación de productos o de técnicas que los desarrollan, apartándose de modelos consolidados de investigación.

Dentro del ámbito que nos ocupa, el florista profesional tiene en sus manos la tarea de acompañar y consolidar su profesionalidad expresando su capacidad de diseñar. Su capacitación le permite expresar sentimientos mediante formas, colores y texturas; sabe que un elemento colocado en un espacio negativo tiene más fuerza visual que colocado junto a otros elementos.

Ha comprendido la fuerza del contraste. Maneja la ambigüedad de la transparencia como detalle visual.  Ajusta detenidamente los elementos que conforman la identidad de un ambiente minimalista. Visualiza la función de los materiales complementarios en cantidad exacta. Acompaña la tendencia en el uso de las variedades florales que se ajustan a ella. Sabe de neutralidades y de acentos en la realización de composiciones poco provocadoras que pueden ser perturbadas intensamente por el acento. Suma audacia a la vanguardia, en diseños visuales de profusa extravagancia.

Su profesión le permite lograr el equilibrio exacto en el diseño.

Texto: Emilia Nardi (Floral Designer de la Universidad de Pavia (Italia)