Cómo construir una casa para abejas

Muy populares en el exterior, su concepto recién está arribando a nuestro país. Cómo construirlas y dónde ubicarlas. Cuáles son los beneficios de tenerlas en el jardín, junto a una idea sobre cómo las ofrecen los viveros de atención al público.

Casas para abejas. Foto: gentileza Mariela Schaer

Algo que se está imponiendo cada vez con mayor ímpetu en todo el mundo son las casas para abejas. Aunque algunos las llaman “hoteles”, deberían ser llamadas “casas” (bee houses), ya que la palabra “hotel” da la idea de alojamiento por poco tiempo, y las avispas y abejas albergadas en estos lugares se transforman en “ocupas” permanentes. Es decir, toman las casas que les ofrecemos y se alojan allí para siempre, porque son benéficas para nuestro jardín y no agreden a los humanos ni a sus mascotas.

Estas construcciones pueden ser vistas tanto en muestras como en jardines o en paredes de cobertores, incluso, en galpones de herramientas transformados para tal fin, o también, en muros, en colgantes atractivos para árboles, etc.  Hasta  hallé, en Irlanda, avisos de garden centers que ofrecían la venta de la casa y el kit de plantas: una buena propuesta comercial.

Las abejas se quedan nueve meses en su morada (la duración de su vida), para entonces, la descendencia estará ocupando los conductos. Por esa razón, los norteamericanos les han dado el nombre de “condominios de abejas” o bee apartments a estos simpáticos espacios.

Cada hueco que se genere para ser usado por una abeja será habitado por sus larvas; ¿de qué manera? La abeja arma un habitáculo con barro y hojas, luego deja una larva de insecto o una araña, coloca el huevo y sella la habitación. Así hace una sucesión de habitaciones. Al nacer el huevo, consume el insecto o  la araña. Cuando la abeja está madura, derriba el muro construido por su progenitora. Es increíble ver que la primera en emerger es la que se ubica en el extremo del conducto, es decir, que la última en madurar es la primera en ser instalada.

Es bueno destacar que, además de las abejas y los abejorros que viven socialmente en colmenas, existen unas doscientas especies de abejas que viven en forma independiente, se alimentan de polen o son parásitas, y hacen nidos individuales para poner sus larvas. Todas alimentan a sus larvas con insectos que cazan. Muchas, anidan en pequeños túneles; otras, se ubican en huecos de ramas muertas, en madera apolillada o agujereada por los pájaros carpinteros.

Esta especie solitaria es inofensiva; es decir, no es agresiva con humanos ni con mascotas. Solamente es posible que pique en caso de que se la pise o la aplaste (en circunstancias de andar descalzo), pero carecen de aguijones agresivos.

Estos insectos son imprescindibles para polinizar numerosas flores y controlar insectos predadores. Es importante tener en cuenta que, además, algunas plantas pueden resultarles muy atractivas, como por ejemplo,  cilantro, menta,  hinojo, así como coreopsis, taco de reina y arverjillas.

Pero, volviendo a estas casas que se están instalando tanto en viveros como en jardines, es de señalar que no  solamente han surgido para generar argumentos de venta, sino que, por ejemplo, el psilido del eucalipto encuentra su control biológico en estas especies predadoras. Quienes conozcan los alcances de esta plaga puede entender lo importante de su difusión.

Cómo construirlas

Las casas deben tener un techo o alero que las proteja de lluvias oblicuas, ya que los conductos o agujeros no deben inundarse. Deben construirse y/o ubicarse por lo menos a un metro del suelo y orientadas hacia el sol -mirando al norte noreste o noroeste, porque estos animales son de sangre fría y necesitan calor-. Habrá que tener cuidado de que sus entradas no estén obstruidas con ramas para que circulen más libremente.

Los postes tratados con insecticidas no pueden ser utilizados para el armado de los túneles. En nuestro país, es posible usar ramas huecas de bambú, de diversos diámetros, o bien troncos secos de madera dura, perforados por mechas. El largo de los orificios debe ser de, por lo menos, 20 cm.

Texto: Mariela Schaer