Enfermedades que afectan a los rosales III
Con este artículo finalizamos la serie de notas que tratan las enfermedades que pueden desarrollarse en plantas de rosal. En este caso, nos referiremos al mildiu, a la roya y al oídio.

Mildiu
Esta enfermedad está presente en la mayoría de los países que cultivan rosales. Es importante en plantas cultivadas en invernáculo, pero también se puede presentar al aire libre con menor frecuencia. En nuestro país, fue estudiado por la Ing. Agr. Clotilde Jauch en 1959.
Afecta a hojas, tallos, pedúnculos, cálices y pétalos, siendo más frecuente sobre las hojas. En el haz de las mismas desarrollan manchas irregulares, de bordes generalmente angulosos. Estas manchas son inicialmente amarillentas y luego de color variable, esto depende del cultivar afectado. Como consecuencia de la infección, el follaje se deforma y puede caer; los brotes se marchitan y mueren.
El mildiu es causado por un pseudohongo que se denomina Peronospora sparsa. Dicho microorganismo se desarrolla en el interior de los tejidos afectados y produce estructuras que emergen de los mismos como una felpilla blanquecina.
El agua juega un rol muy importante en la dispersión de las unidades infectivas de este microorganismo. Esta enfermedad es favorecida por la permanencia de películas de agua sobre la superficie de las plantas, humedad relativa del ambiente alta y temperaturas bajas. Por ello, para evitar su aparición o disminuir sus daños, se recomienda mantener los invernáculos lo más secos y ventilados posible, para favorecer el movimiento de aire entre las plantas. Apenas se observan los primeros síntomas, es aconsejable eliminar los órganos atacados y retirarlos del invernáculo rápidamente. Durante períodos con condiciones ambientales favorables para el desarrollo de la enfermedad, se deben realizar pulverizaciones con productos químicos.
Roya
Al igual que el mildiu, la roya del rosal está distribuida en todo el mundo. Sin embargo, a diferencia del mildiu, son más afectados los rosales cultivados al aire libre. Esta roya es causada por los hongos Phragmidium mucronatum y Phragmidium tuberculatum.
En la Argentina, la roya de los rosales se encuentra distribuida ampliamente. Se registró en diferentes localidades de Buenos Aires, Córdoba, Chaco, Corrientes, Entre Ríos, Jujuy, Mendoza, San Luis, Santa Fe y región del Delta del Río Paraná.
La enfermedad afecta a las partes verdes de las plantas, principalmente el follaje. Durante la primavera y parte del verano aparecen en el envés de las hojas numerosas pústulas (similares a ampollas) pequeñas, redondeadas, de medio a un milímetro.
Inicialmente, se manifiestan en forma aislada, pero luego se unen entre sí. Con el transcurso del tiempo, la epidermis de las hojas se rompe liberando un polvillo amarillo-anaranjado constituido por esporas del hongo (pequeñas estructuras que diseminan la enfermedad). En el haz de las hojas, y en correspondencia con cada pústula, los tejidos se vuelven de color amarillento o anaranjados. Hacia fines del verano, aparecen pústulas oscuras, que, al permanecer en las hojas caídas, reinician el ciclo de la enfermedad en la primavera siguiente.
Los diversos cultivares de rosal difieren mucho en su comportamiento frente a la patología. La misma es favorecida por primaveras con humedad relativa del ambiente alta y temperaturas de 18 a 21 ºC. Los movimientos de aire son fundamentales para el transporte de las esporas del hongo que causa la enfermedad.
Para su manejo es muy importante la regulación del ambiente a fin de evitar las condensaciones de humedad. Se deben remover las hojas afectadas y recoger y quemar los restos de vegetación. En lo posible se deberán utilizar cultivares resistentes o de buen comportamiento. Durante períodos con condiciones ambientales favorables para el desarrollo de la enfermedad, se deben realizar pulverizaciones con productos químicos desde que se inicia la brotación.
Oídio
Esta también es una patología muy generalizada en la Argentina. Se la ha registrado en Buenos Aires, Córdoba, Chaco, Corrientes, Jujuy, Mendoza, San Juan, San Luis, Santa Cruz y Santa Fe. Es producida por el hongo Podosphaera pannosa, que afecta también al duraznero y al almendro, especies pertenecientes a la misma familia botánica que el rosal.
El hongo es capaz de infectar todos los tejidos aéreos. Las infecciones severas reducen el crecimiento foliar de manera significativa y ocasionan, como consecuencia, una menor producción de flores y un debilitamiento de las plantas. La patología se manifiesta desde el inicio de la brotación de las plantas, mientras que, al alcanzar la madurez, los tejidos se tornan más resistentes.
Sobre las hojas desarrolla una felpilla blancogrisácea constituida por el crecimiento y la reproducción del hongo. En cultivares muy susceptibles, las hojas se deforman y pueden desprenderse en forma prematura. El área de las hojas que es cubierta por la felpilla se torna amarillenta. La enfermedad afecta también tallos jóvenes y suculentos, que son cubiertos por la felpilla típica. Se puede observar muerte de brotes y botones florales. La sintomatología afecta el valor estético de las plantas.
Entre los factores del ambiente que favorecen la aparición de la enfermedad, se encuentran oscilaciones marcadas entre la temperatura diurna y nocturna, el exceso de abono nitrogenado, la falta de iluminación de la plantación por excesiva densidad, calor húmedo y ventilación deficiente. Y los movimientos de aire son fundamentales para el transporte de las esporas del hongo que causa la enfermedad.
Como prácticas culturales para su manejo, se recomienda eliminar órganos afectados (hojas, ramas, flores) y quemarlos. Para plantas en invernáculo, mantener la humedad ambiental lo más baja posible. Acompañando las medidas de cultivo, existen numerosos productos químicos que pueden aplicarse para manejar la enfermedad.
Texto: Ing. Agr. Dr. Eduardo R. Wright e Ing. Agr. Dra. Marta C. Rivera (Facultad de Agronomía – UBA)
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