Manejo integrado de plagas y enfermedades en cultivos florícolas
Experiencias en cultivos ornamentales bajo cubierta. Plantas trampa y repelentes, productos de bajo impacto ambiental, plantas refugio o insectario, y muchas opciones más.

¿Cómo realizar un manejo adecuado de plagas y enfermedades en nuestras plantas? Esta es una pregunta que no nos planteamos a menudo y que, sin embargo, deberíamos considerar. Sobre todo, antes de ejecutar cualquier medida en nuestra producción.
Ante la presencia de una plaga o una enfermedad, la primera reacción suele ser pensar en su erradicación inmediata. Sin embargo, aplicar un producto fitosanitario no siempre es la solución: lo fundamental es realizar un diagnóstico detallado del problema.
En la búsqueda de sistemas productivos más sustentables y en armonía con el ambiente, el manejo integrado de plagas y enfermedades (MIPE) ofrece herramientas que combinan el control cultural, biológico, físico y químico.
El objetivo es reducir el daño económico y estético en las plantas sin comprometer la salud de los trabajadores ni el equilibrio del agroecosistema. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, una producción sustentable debe apuntar al crecimiento de cultivos sanos con mínima alteración del entorno, privilegiando, al mismo tiempo, mecanismos naturales de control.
Experiencia del Instituto de Floricultura en el manejo integrado de plagas y enfermedades
Desde el Instituto de Floricultura de INTA, hace más de diez años se trabaja en la implementación de un manejo sanitario amigable con el ambiente. Esta tarea no ha sido sencilla, debido a que implica el conocimiento integral de los diferentes microagrosistemas, dada la diversidad de especies y géneros trabajados.
A través del tiempo, pudo comprobarse que el uso de fitosanitarios sin un manejo adecuado, en principio, controla la plaga, pero luego esta regresa con mayor densidad, y es más difícil de controlar. Esto se debe a que las aplicaciones químicas eliminan tanto a la plaga como a sus enemigos naturales (fauna benéfica), y en consecuentica, dejan al cultivo vulnerable a un rápido resurgimiento de insectos resistentes a las plagas.
Estrategias para el control de plagas y enfermedades
– Empleo de plantas trampa y repelentes como tomate de árbol, tabaco, petunia, romero, albahaca, entre otros. Estas plantas producen sustancias que funcionan como inhibidores del apetito y otras como adhesivos de las plagas.
– Aplicaciones con productos de bajo impacto ambiental, tales como jabón potásico, neem, alcohol ajo, entre otros, y específicos para la plaga a tratar de base sintética con baja concentración del principio activo como tiametoxan 25%, Bacillus thurigiensis 4%, Trichoderma astroviridae y kasugamicina 10%.
– Aplicaciones focalizadas con productos de base sintética para el mantenimiento de los umbrales de plaga. Las aplicaciones se efectuaron por parcelas o lotes de plantas afectadas, cuya presencia de plaga o enfermedad empezaba a afectar la calidad de las plantas. De esta manera, se evitaba la aplicación innecesaria sobre otros ejemplares no afectados por la plaga.
– Monitoreos periódicos, con observaciones semanales de las plantas en épocas de mayor presencia de las plagas, primavera-verano, y quincenales, en otoño-invierno. Fue útil para determinar si una aplicación era necesaria o no, y si había que hacerlas de manera localizada.
– Trampas cromáticas. Este tipo de trampas, al incorporar una sustancia pegajosa (base aceitosa) sobre láminas de color amarillo y azul, donde quedan adheridas las plagas, sirvieron para realizar un monitoreo de presencia para un control inicial de las mismas. Las de color amarillo atraen la mosca blanca, y las de color azul, los trips.
– Estudio de los ciclos de las plagas y enfermedades más frecuentes con el propósito de identificar los momentos de aparición y así poder aplicar las medidas de prevención.
– Manejo cultural y ambiental, que incluye la limpieza de suelos y mesadas, eliminación de plantas muertas y poda de zonas afectadas por enfermedades.
– Liberación de controladores biológicos: depredadores como tupiocoris y orius.
– Aplicaciones de extractos naturales de ajo, canela, lavanda, tagetes y romero para uso contra pulgones, trips, arañuela, mosca blanca, orugas y hongos fitopatógenos.
– Incorporación de plantas refugio o insectario: petunia (Petunia axilaris) y aliso (Lobularia maritina) que favorece el establecimiento de estos controladores brindando refugio y alimento.
Resultados alentadores
La implementación de estas estrategias favoreció la aparición y el establecimiento de enemigos naturales como las chinches depredadoras (tupiocoris, orius y cazadora rayada), y otros como las vaquitas, las crisopas, los sírfidos, las avispitas y las mantis. Además, pudo apreciarse una mayor presencia de insectos polinizadores y otros antes no vistos, como avispas de los géneros Encarsia, Toxomerus y algunos no identificados.
Estos resultados marcaron un antes y un después en el manejo sanitario. Se comprendió que en los cultivos bajo cubierta se requiere un estudio profundo de cómo funciona cada agroecosistema. Se confirmó que no sirven las recetas o los modelos ya establecidos porque trabajamos en un entorno modificado con variaciones constantes. El éxito en el manejo de plagas y enfermedades, en este entorno, depende de la comprensión del invernáculo como un agroecosistema único y dinámico.
En conclusión, el manejo integrado de plagas y enfermedades nos provee de un conjunto de herramientas fundamentales para lograr producciones ornamentales más sanas, seguras y sustentables.
Las experiencias del IF demuestran que la combinación de todas estas prácticas, aplicadas de manera racional, constituyen un camino más resiliente a la hora de proteger la calidad de las plantas y el ambiente.
Texto: Lic. Marisol Alderete, Lic. Martín Fernández y Téc. Eduardo García Lager (Instituto de Floricultura del INTA)





