Cómo mejorar la calidad del agua de riego

¿Qué información se debe solicitar al laboratorio que analiza las muestras de agua y sustrato? ¿Cuáles son los ácidos que pueden utilizarse para la corrección del agua?

Foto: Economía & Viveros

Citamos como ejemplo el acuífero que se utiliza habitualmente para regar los cultivos en la provincia de Buenos Aires, el “Puelche” (1). En él observamos que se trata de un acuífero con abundante caudal de agua y baja presencia de sales totales, pero con una composición relativa de tipo de aniones (A) y tipo de cationes (C+), que determina, en muchas zonas, que aumente el valor de pH de la zona de enraizamiento de los cultivos y, además, podría llegar a afectar el drenaje por un efecto dispersante de partículas finas. Esto se debe a una alta proporción relativa de sodio respecto a calcio, magnesio y potasio, y a la presencia de carbonatos y bicarbonatos.

De esta manera, el aumento de pH lleva a un cambio en las condiciones de solubilidad de algunas especies químicas (macroelementos y micro- elementos). Y como consecuencia, en estos últimos se observa una disminución en su disponibilidad, particularmente en el hierro, siendo el responsable de la aparición de clorosis férrica, con síntomas bien definidos (clorosis internervales en las hojas con nervaduras oscuras) que afectan la producción y calidad ornamental de los cultivos.

Frente al efecto comentado en el punto anterior, puede ser corregido interviniendo a través de diversas acciones, pero siempre se recomienda recordar que se pueden usar plantas que tengan bajos requerimientos en micronutrientes (si bien parece una verdad de Perogrullo, o sea que aparentemente es una tontería aclararlo, no está de más recordarlo).

El primer paso, en estos casos, es realizar un análisis del agua de riego en un laboratorio de suelos o de sustratos, y hacerlo interpretar por un profesional. No es suficiente llevarse por el valor de pH de la muestra como indicador (error cometido habitualmente) sino que son de mayor importancia las proporciones relativas de cantidad de carbonatos y  bicarbonatos relacionándolos con la cantidad de sodio respecto a calcio y magnesio. En muchos casos, estas situaciones no son fielmente reflejadas por los valores de pH del agua de riego.                           

Asimismo, resulta también importante observar que el efecto sobre el cultivo es consecuencia de un balance de fuerzas químicas entre los efectos del agua de riego y la respuesta de la reserva ácida del sustrato. Por lo tanto, hay que considerar el tiempo que la planta estará en ese contenedor (Ej.: tiempos breves en la producción de plugs), tamaño del contenedor (volumen) y tolerancia a la alcalinidad de la planta a cultivar.

Corrección del agua de riego

Resulta aconsejable en los casos en donde las láminas de aplicación en los cultivos no son altas (productores de cultivos en contenedores pequeños: plugs, plantines), aplicar sustancias ácidas (ácido sulfúrico, ácido cítrico, ácido fosfórico, ácido nítrico). Salvo los primeros dos ácidos, el resto son usados habitualmente en la programación de soluciones fertirrigantes, debiendo ser descontados la aplicación de fósforo y nitrógeno, respectivamente.    

En relación con sus costos, es deseable usar el ácido sulfúrico; existen numerosas tablas para ser consultadas sobre las dosis a aplicar. Puede corregirse el agua de riego en depósitos que alimenten la línea de riego, o bien utilizar dosificadores automáticos que apliquen este ácido directamente en el agua obtenida del pozo.

Es deseable que el laboratorio a partir del análisis del agua de riego indique la dosis recomendada (habitualmente y en función de la composición del “Puelche”, si bien esta puede variar en los diversos lugares de uso, orientativamente, se usa una dosis aproximada de 1 litro de ácido sulfúrico puro cada 10.000 litros de agua de riego).

Teniendo en cuenta que se trata de una sustancia bastante peligrosa para poder maniobrar (el ácido sulfúrico puro tiene una concentración 36 normal y es muy cáustico), se recomienda que en el caso de que deseen implementar esta técnica consulten a su ART (Administradora de Riesgos de Trabajo) para ser visitados por un especialista en Seguridad e Higiene del Trabajo, y respeten los detalles que él sugiera.

En el caso del uso de láminas de agua importantes, una técnica muy usada hace años en la provincia de Buenos Aires es diluir el agua de pozo con agua de lluvia, construyendo depósitos, canales o tajamares para poder acumularla a esta. Las proporciones de mezcla usadas suelen ser 1/3 – 1/4 de agua de pozo y 2/3 – 3/4 de agua de lluvia.

Por otro lado, hay que tener en cuenta el sustrato, y para eso se recomienda usar aquellos que presentan reserva ácida: se pueden usar puros o bien utilizarlos como componentes de mezclas de combinados. Son generalmente materiales con valores de pH entre 5 – 6,5 con presencia de hidrógenos en su complejo de cambio (reserva ácida: turbas rubias, turbas negras, turbas de climas templados o resacas) que le permiten amortiguar los efectos alcalinizantes del agua de riego.

En los viveros en donde se usen láminas mayores de riego, ya sea por la superficie a regar (cultivos de arbustos a campo) o producción en contenedores grandes, se sugiere la aplicación de enmiendas del tipo de azufre o yeso (sulfato de calcio) de uso agronómicos, utilizando las dosis indicadas en el marbete de los productos. Normalmente, se aconseja aplicar periódicamente (4- 6 meses) dosis entre 1 a 2 gramos por litro (volumen del sistema poroso explorado por las raíces).

(1) Se localiza desde el norte del río Salado, que ocupa el noroeste de la provincia de Buenos Aires y parte del Noroeste de la provincia de Santa Fe, con, aproximadamente, unos 23.000.000 de hectáreas, y en el que se observa su presencia entre los 55 – 75 metros de profundidad.

Texto: Ing. Agr. M. Sc. Héctor A. Svartz (Facultad de Agronomía – Universidad de Buenos Aires)