¿Un Congreso Latinoamericano de Viveristas en la Argentina?

Desde la Secretaría de Desarrollo Rural (Ministerio de Agricultura de la Nación), la Ing. Agr. Carla Campos Bilbao se explaya sobre los distintos proyectos que llevan adelante con el sector florícola.

Carla Campos Bilbao. Foto: Economía & Viveros

En la Secretaría de Desarrollo Rural, hay tres ejes de trabajo. El primero de ellos es la promoción del consumo dentro del mercado interno y también en el exterior. Para ello, lo principal es no solo promocionar el producto en fechas puntuales (Día de la Madre, de la Secretaria, etc., o de las ocasiones, cumpleaños, por ejemplo) sino también instalar la necesidad del consumo del producto florícola a lo largo del año y que dicho requerimiento sea consensuado en los distintos niveles sociales de la Argentina, explica la Ing. Agr. Carla Campos Bilbao (47), responsable de la mencionada Secretaría, al ser consultada sobre los distintos proyectos florícolas que están desarrollando en todo el país.

Un segundo eje consistiría en mejorar las instancias de comercialización y mercado. Por último, el tercero se relaciona con la asistencia técnica y la gestión; sería el desarrollo tecnológico y extensión hacia los productores que están a lo largo y a lo ancho del territorio nacional. Esto sirve para poder acceder, en principio, a los mercados y a la propia tecnología. Pero fundamentalmente a las políticas públicas, dado que es un sector que está muy atomizado; es muy reciente. Su desarrollo en la Argentina tiene apenas 80 o 90 años. Necesitamos ordenarlo para poder cumplir con el objetivo central de nuestro Gobierno, que sería que esta actividad generara más puestos de trabajo, en un eje central de lo que es la sustitución de importaciones, dado que hay muchos productos de consumo interno que aún se importan.

Sobre la base de tu experiencia, ¿cuáles son las provincias que han tenido un mayor crecimiento de la producción florícola? Y en cuyo caso, ¿por qué se produjo?

Sin duda, la protagonista principal en lo que es la producción y el consumo es la provincia de Buenos Aires. En la misma matriz, se encuentran en segundo y tercer lugar Santa Fe y Córdoba, respectivamente.

Hemos tenido un crecimiento significativo, fundamentalmente a partir de las políticas públicas y de consumo, también en lo que es la zona del litoral, Corrientes y Misiones. Asimismo, estamos trabajando muy bien en la zona norte. En Salta, Tucumán y Jujuy también nos hemos desarrollado de manera elocuente. Además, en la zona de Cuyo y Mendoza, hemos progresado en cuanto organización y desarrollo de cultivo.

Históricamente, la matriz productiva está clavada en la región húmeda, digamos, en Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, pero hemos logrado expandirnos, en estos últimos años, tanto en el litoral como en el norte y en Cuyo.

¿Qué provincias tienen potencial para el desarrollo de la floricultura y aún no han sido aprovechados? ¿A qué crees que se debe esto?

Hay un potencial significativo respecto de las condiciones climáticas que son, precisamente, la temperatura y las horas de luz. En la zona de Cuyo, las provincias de San Juan y Mendoza, por ejemplo, tienen condiciones ideales para producir semillas en plantas ornamentales. En la zona de la Patagonia, tenemos condiciones importantes para la producción de bulbos. Ni hablar de lo que es el litoral para la producción de plantas, en sí. Para distintos rubros de producción, tenemos distintas regiones de la Argentina donde se puede producir.

El proceso agrícola abre una diversidad de productos y ofrece una oportunidad de desarrollo significativa porque está compuesta por distintos tipos de productos: la flor de corte, plantín, planta, árbol, pero fundamentalmente, semillas y órganos de reproducción.

La Argentina cuenta con una variedad climática y ambiental que nos permite tener posibilidad de desarrollar cada una de estas líneas de producción en todo el país. Por esto, es un sector al que al Ministerio de Agricultura y el Gobierno de la Nación le está poniendo mucha atención, porque tiene una importante cualidad, que es la de demandar mano de obra de manera significativa por cada unidad de producción.

Esto, para nosotros, es un objetivo central; sobretodo, mano de obra femenina, que reúne algunas condiciones particulares en lo que es motricidad fina, trabajos muy delicados de repique, de selección de semillas y demás. Este es uno de los motivos por los cuales creemos que se ha podido desarrollar mucho en las provincias del interior, en donde la mano de obra a cargo de la mujer está muy disponible.

¿Cómo ves el mercado florícola de la Argentina?

Esto tiene que ver con los tres ejes que planteamos. La principal debilidad, por ejemplo, es un consumo dentro de todo bajo, todavía… comparado con otros países de la región. Obviamente, estamos hablando de Brasil, Colombia, Ecuador, que son, regionalmente, los  principales productores.

Como gran fortaleza, podríamos decir que esta actividad está vinculada a colectividades que han generado en la Argentina una impronta cultural muy importante, en vinculación a la floricultora. Estas serían, por ejemplo, la comunidad japonesa, también años después de la inmigración de los años 30 se incorporaron la colectividad portuguesa y la italiana.

Pero, tal vez, la colectividad nipona es la que ha sabido imprimir a la producción una cultura y una dinámica que, de hecho, también ha marcado la historia de la floricultura en la Argentina porque ha sido la comunidad que ha permitido, en los 90, tener una cooperación con la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA), que ha hecho en su momento convenios con el INTA y hoy, con el Ministerio de Agricultura.

Esto ha permitido, en aquellas décadas, dotar de infraestructura y equipamiento de primer nivel en lo que es invernáculo, sistema de riegos y control ambiental, en el manejo de los cultivos. Esto puso a la Argentina en las primeras posiciones del mundo en cuanto a tecnología. Cabe resaltar el papel del INTA, organismo que ha ido acompañando dicho desarrollo. Esta, indudablemente, es una gran fortaleza.

Tenemos un desafío enorme en lo que significa la evolución del sector florícola a partir de estos dos grandes extremos: una enorme capacidad de desarrollo tecnológico y productivo y, por otro lado, el desafío de incrementar el consumo.

Luego de confirmarse la realización del Congreso y Exposición Nacional de Viveristas en Tecnópolis, ¿puedes decirnos qué le ofrece este espacio que no brinda el predio de la Fiesta Nacional de la Flor?

Este Congreso, que ya es el número treinta y cinco, ha ido acompañando todo el proceso de la floricultura a lo largo de  estos años en la Argentina. Ha pasado de ser, primero, un espacio de intercambio entre productores y empresas, luego, un ámbito de perfil académico y tecnológico. En otros momentos, fue el sitio en donde también se empezaron a discutir demandas de políticas públicas. Esto se fue diseminando en todas las instancias organizativas y de promoción, como son las distintas ferias y fiestas de la flor en todo el país.

Tener en Técnopolis el congreso el año entrante significa que se ha alcanzado un nivel de diálogo exitoso en el sector público y en el sector privado. Diálogo que se reclamaba hace diez años. Cuando finalizó la década de los 90, había sido un sector muy castigado por la crisis económica (como tantos otros). Pero, este sector tiene una particularidad y es que está desarrollado básicamente, en su casi 70 y 80 %, en las regiones periurbanas, alrededor de las grandes ciudades, y ha impactado muchísimo la crisis social de los 90 en esta actividad. Incluso, con la enorme oportunidad que se nos dio en esos momentos de que fueran las primeras unidades de producción que pudieran absorber la primera mano de obra calificada, que con los distintos programas públicos también desarrollamos desde el período 98/99.

El hecho de que hoy, este congreso, que en principio fue académico, tecnológico y empresarial, esté desarrollándose en un espacio público ofrecido por el Estado es un avance significativo en cuanto al diálogo institucional.

Tenemos la expectativa de poder hacer en la Argentina, dentro de dos años, el primer Congreso Latinoamericano de Viveristas. Así que esto abre una posibilidad de trabajar como se hace en el país, a partir de la decisión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en lo que es el posicionamiento regional. Pero, no solo como país  hacer los planteo internos y externos, sino que también nos interpretemos como región y podamos compartir, por un lado, los desafíos, pero por el otro, las oportunidades que nos da el mercado.

Así que llevarlo a cabo en Técnopolis tiene, para mí, ese plus, de poder tener un diálogo directo del sector privado con el público.

¿Qué puedes decirnos en relación con el Plan Nacional de Floricultura que los productores junto al INTA y el Ministerio están desarrollando y han presentado a la Jefatura de Gabinete?

Esto sería la evidencia de que el programa nacional  toma madurez después de varios años de venir trabajando con todos los referentes del sector. Hemos podido encontrar el momento y la decisión política oportuna. De la mano del programa Desarrollo de Exportaciones, el PADEX y los distintos instrumentos de promoción y de desarrollo de los sectores productivos, este es el punto de cristalizar todos los ejes que nos veníamos planteando. A partir de esta oportunidad fue que decidimos, en el Ministerio de Agricultura, en la Secretaría de Desarrollo Rural, estos tres ejes centrales de trabajo.

Este programa federal se centraliza en lo que es la adecuación del trabajo en estos tres núcleos, pero fundamentalmente, cumplir con los tres objetivos principales que tiene el Ministerio de Agricultura para el sector agropecuario de la Argentina que es: generar más puestos de trabajo, ocupar el territorio con las actividades productivas de manera más equilibrada y el tercer eje objetivo y central del Ministerio es el incremento de la producción, en par con el incremento de la actividad económica en cada territorio.

El Programa Federal del Desarrollo de la Floricultura, que agrupa todo lo que serían las plantas ornamentales tiene dos desafíos, no solo las metas en los temas específicos, sino también es importante tener una oportunidad de cobertura a lo largo y a lo ancho del país. Nosotros estamos trabajando desde Tierra del Fuego hasta la Quiaca. Esto es una amplitud y un esfuerzo enorme que el programa federal tiene como desafío y como meta por cubrir.

En el marco de la nueva etapa “De las Metas a las Políticas” del Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial (PEA) 2020, se invito a la Mesa de Floricultura para una reunión el 9 de octubre en el Ministerio. ¿Qué puedes decirnos sobre esta nueva etapa?

Las mesas del desarrollo del Plan Estratégico es uno de estos espacios en el cual se van construyendo y concretando todas las políticas. Hace siete años que tenemos la responsabilidad de este nuevo momento de lo que es la creación del Ministerio de Agricultura de la Nación por parte de la Presidenta de la Nación. No es que ahora vayamos a definir las políticas, en 2007 se definieron las metas pero priorizamos la construcción de políticas. Cada vez las políticas van superándose. Hoy estamos en una instancia que es desarrollo de exportaciones. No solo con nuevos mercados, sino también, con nuevos productos. En floricultura, es el capítulo nuevo que se abre en esta etapa.

El Plan Estratégico tuvo su primera presentación en 2011, a cargo de la Presidenta en Tecnópolis; y allí fue entonces cuando se tomó la decisión de definir: ¿cuál es el potencial productivo de la Argentina, condicionado a políticas activas que sean garantes de la generación de empleos? Hoy lo vemos reflejado y materializado, concretamente, en la floricultura.

Hace diez años, la floricultura era una actividad que movía entre 890 y 900 millones de pesos al año. Hoy es una actividad que mueve 1800 millones de pesos anuales. Antes, era una actividad que contaba con escasos cinco mil puestos de trabajo; hoy tiene 18.000 trabajadores registrados. Antes, estaba nucleada en la región central, Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, y actualmente está presente en veinte provincias de todo el territorio nacional.

Lo dicho sucedió en estos diez años, con más presencia aún en estos seis años de creación del Ministerio. Entonces, el PEA actualmente es un espacio de discusión y de reflexión que tiene como productos algunos de los lineamientos de política, pero no es específicamente un ámbito donde se espera que de ahí surjan las políticas, sino que ya se vienen llevando adelante.

Sí garantiza un diálogo muy intenso entre áreas tecnológicas y el sector privado pero, definitivamente, es el Ministerio de Agricultura el que conduce las políticas y el que las sigue concretando para que vayan adelante. Como sucede en todo el mundo, cuando se habla de política, se habla de presupuesto. Por esto, el Ministerio de Agricultura viene haciendo una inversión en el desarrollo de economías regionales de casi 6000 millones de pesos, en estos últimos seis años. En consecuencia, esta situación implicó que los sectores se hayan reactivado y que haya políticas. Ahora, nuestro desafío es aspirar a un mercado externo y mejorar la demanda y el abastecimiento del mercado interno.

Texto: Guillermina Capitanich