Qué es el patrimonio biocultural
Una mirada sobre el contenido de este concepto en la Argentina. De qué manera la idea de la naturaleza como reparación adquiere una relevancia particular dentro de esta noción.

El concepto de patrimonio biocultural surge para expresar la estrecha interdependencia entre naturaleza y cultura. A diferencia de la tradicional distinción entre patrimonio natural y cultural, esta visión entiende que ambos constituyen una diversidad indivisible: los paisajes, ecosistemas y especies han modelado formas de vida, conocimientos, creencias y tradiciones, del mismo modo que las sociedades han transformado esos entornos a lo largo de la historia.
Si la noción de paisaje cultural ya había contribuido a visibilizar esta relación, la de patrimonio biocultural profundiza un enfoque integral que concibe el ambiente como una totalidad compleja donde procesos ecológicos y dinámicas socioculturales resultan inseparables.
La idea de la naturaleza como reparación adquiere una relevancia particular dentro de esta concepción. Los sistemas naturales poseen capacidad de regeneración frente a los impactos antrópicos, pero también contribuyen a recomponer vínculos sociales y culturales deteriorados. Los espacios protegidos favorecen la recuperación de ecosistemas degradados, la conservación de especies amenazadas y el mantenimiento de procesos ecológicos esenciales desde una lógica de restauración territorial.
Qué ocurre con el patrimonio biocultural en la Argentina
En nuestro país, los treinta y nueve parques nacionales ofrecen ejemplos significativos de patrimonio biocultural. El Iguazú resguarda una porción de la Selva Paranaense y las Cataratas del Iguazú, uno de los paisajes más emblemáticos del país. Junto con el Nahuel Huapi, se iniciaron hace más de un siglo y constituye una referencia pionera de preservación en América Latina. Su importancia, sin embargo, trasciende la biodiversidad que alberga y se extiende a los vínculos históricos y culturales que las comunidades regionales han establecido con el entorno.
Otro caso destacado es el Parque Nacional Lanín, donde el volcán homónimo posee un profundo significado espiritual para las comunidades mapuches. Allí, el patrimonio biocultural se expresa en la articulación entre paisaje, diversidad biológica y cosmovisiones de los pueblos originarios. Estos ejemplos muestran que la conservación no se limita a proteger especies o ambientes, sino que también resguarda formas de conocimiento, memorias colectivas y modos de relación con la naturaleza.
La historia de preservación iniciada con estos primeros parques continúa hasta el presente acentuando valores de identidad. En 2023, se incorporó el Parque Laguna El Palmar, caracterizado por sus extensos humedales, y se crearon nuevas reservas como Marismas del Tuyú, un ambiente donde confluyen las mareas y las aguas dulces del Río de la Plata, y la Reserva Natural Educativa Cerro Pistarini, en la provincia de Córdoba. Estas iniciativas amplían la protección de ecosistemas valiosos y refuerzan la comprensión de la naturaleza como un patrimonio que integra dimensiones ecológicas, culturales e históricas.
Oportunidades
En este sentido, entender la naturaleza como reparación supone reconocer que preservar no significa, solamente, proteger paisajes o especies, sino también restaurar vínculos entre las comunidades y sus territorios, que albergan significados simbólicos construidos por generaciones.
En consecuencia, la protección de la biodiversidad implica, asimismo, la preservación de saberes, prácticas y relatos vinculados a experiencias históricas. En una sociedad intensamente urbanizada y tecnificada, estos espacios de especial significación —algunos en sus orígenes contribuyeron a consolidar los límites del país— ofrecen hoy la posibilidad de reconectar con el mundo natural, reflexionar sobre los efectos de la acción humana y promover formas más sostenibles de habitar el territorio.
Sobre el autor






