Mimosas: por qué se mueven cuando las tocamos
Conoce las características de la planta que reacciona al contacto, cerrándose. En qué zonas de la Argentina se la encuentra y cómo cuidarla.

Las mimosas pertenecen a un género que se encuentra ampliamente distribuido a lo largo de toda América tropical y subtropical, y cuenta con una decena a veintena de especies en Asia, África y Oceanía. Es un género muy amplio, formado por más de quinientas (500) especies, y agrupa desde árboles de mediana altura hasta plantas herbáceas y rastreras. Los más importantes centros de diversificación se encuentran en Madagascar, México, el Caribe, la cuenca del Orinoco y en los cerrados (áreas con arbustos y pastizales) del centro y sur de Brasil; además está bien representado en la Argentina, Paraguay, Uruguay y Bolivia.
Estas especies, como muchos otros representantes de la familia de las Leguminosas, poseen un hábito muy variado: desde herbáceas rastreras hasta árboles e, incluso, lianas. Muchas de ellas poseen acúleos, que son semejantes a los acúleos o aguijones de las rosas. En la mayoría de las especies, las hojas están muy divididas y constituidas por hojuelas o folíolos cuyo número varía ampliamente, desde ocho pares en Mimosa sensitiva hasta más de cien pares en Mimosa xanthocentra. Las flores son tubulosas y pequeñas, y los frutos se denominan craspedios, los cuales se separan a la madurez en valvas y artejos, en forma simultánea.
Varias especies de esta planta poseen importancia económica, como la bracatinga de Brasil, que es cultivada para obtener leña y, además, es rica en galactomananos, sustancias utilizadas en la industria para la elaboración de aceites y pinturas. Asimismo, varias de estas especies son cultivadas como ornamentales, aunque a escala comercial la más conocida es la Mimosa pudica.
Para el cultivo de las mimosas, pueden citarse algunos requerimientos básicos, por ejemplo: suelos bien drenados, pleno sol y protección contra las heladas. Existen numerosas especies que podrían ser aptas como colgantes o para ser lucidas en macizos, como la Mimosa schleidenii. En el caso de la mimosa que se encuentra con mayor frecuencia en los viveros argentinos (Mimosa pudica), la forma de cultivo más tradicional es en macetas. Asimismo, son especies melíferas, es decir, que resultan muy atractivas a las abejas y a otros polinizadores. Por ejemplo, estudios realizados en Colombia han mostrado que la Mimosa pigra y la Mimosa pudica poseen la más alta carga polínica (de polen) entre las especies nativas de las áreas tropicales anegadizas.
Estas llamativas especies son fácilmente identificadas en muchas regiones por su capacidad para plegar sus folíolos apenas al ser tocadas. Por eso, se conocen también bajo los nombres de “Vergonzosa” o “Ciérrate, comadre”, según los registros botánicos que disponemos en la Argentina y en otros países latinoamericanos en donde crecen.
Sin embargo, el atractivo de estas plantas no solamente radica en esta peculiaridad fisiológica, sino también, en su bella floración. Una característica de la mayoría de estas especies es que florecen a destellos, es decir, simultáneamente, en una determinada época del año. Sus flores son muy pequeñas, pero están agrupadas en pompones o inflorescencias denominadas capítulos cuando son esféricas (como en el caso de la Mimosa debilis y la Mimosa dolens), o espigas,cuando son alargadas (Mimosa hebecarpa). Estas inflorescencias exhiben llamativos colores cálidos, desde la gama del blanco liláceo hasta el rojo intenso, aunque estos dos extremos son poco frecuentes, y la mayoría de las especies posee capítulos rosados o fucsias.
Existe un pequeño grupo de mimosas que exhiben flores amarillas, algunas de las cuales crecen en las áreas templadas y cálidas de Sudamérica, como la Mimosa lepidorepens, e incluyen dos típicas especies de la región rioplatense: la Mimosa bonplandii y la Mimosa pilulifera. Son arbolitos con corteza rojiza, de porte similar a los aromos autralianos, aunque con un follaje más laxo, que tienen un potencial interés para su cultivo en plazas y parques. El color de su corteza y tronco, el follaje delicado y la floración simultánea los hace aptos como ornamentales, a pesar de que no son plantas sensitivas.
La Mimosa rocae también integra este grupo de flores amarillas; se trata de una especie muy restringida en cuanto a su distribución, solamente puede ser hallada en la Sierra de Tandil y la Sierra de la Ventana, y en algunas áreas del Uruguay y sur de Brasil. En nuestro país, en dichos sistemas serranos, es bastante común, y se distingue fácilmente ya que se trata de un arbusto rastrero, de follaje grisáceo, y muy extendido entre los suelos rocosos.
Este grupo de especies posee una importante diversidad de formas y colores, y muchas son interesantes para su introducción en el cultivo de la floricultura. Asimismo, es un grupo de especies que todavía no se conoce acabadamente, dado que en Sudamérica se describieron, recientemente, varias especies nuevas, que son endémicas o de distribución geográfica restringida. Todo esto revela que hay un importante potencial que nuestros países deberían proteger.
¿Por qué se mueven las hojas?
Cuál es el mecanismo por el que las mimosas cierran sus hojas al ser tocadas constituye una de las preguntas más comunes acerca de estas plantas. Para conocerlo, es necesario manejar algunos conceptos sobre la morfología de las hojas. En estas especies son bipinnadas, es decir, están divididas. Esto significa que poseen un eje primario, constituido por un pecíolo (que une el tallo con la hoja) y un raquis foliar. A partir de este eje primario, parten varios pares de ejes secundarios (llamados raquis de las pinnas) que sostienen los folíolos u hojuelas. Cada una de estas divisiones (pecíolo, raquis de las pinnas y folíolos) presentan, en su base, un tejido engrosado y de color oscuro llamado pulvínulo.
El pulvínulo posee células encargadas del mecanismo de movimiento, denominadas células motoras, con estructuras de almacenamiento: vacuolas. Dentro de estas se aloja una solución con taninos y diferentes sales, en especial de potasio. Ante un estímulo externo sobre las hojas, como puede ser un roce físico, se produce la salida de algunos solutos de estas vacuolas, lo cual hace disminuir el tamaño celular y provoca la retracción de las hojas.
Texto: Ing. Agr. Matías Morales (Instituto de Recursos Biológicos – INTA)






