Gerberas: qué plagas y enfermedades las afectan

Cómo combatir estos problemas. Requerimientos básicos para su producción como flor de corte: temperatura, suelo, riego, humedad relativa, deshojado y luminosidad.

Gerberas con deficiencia de hierro. Foto: Economía & Viveros

Originaria de la zona sur de África, la gerbera (Gerbera jamesonii) es una herbácea que pertenece a la familia Asteraceae. Tienen hojas alargadas, con grandes lóbulos de unos 40 cm, y ligeramente hendidas en los bordes.

Esta planta, si bien puede vegetar varios años, comercialmente solo le es posible hacerlo durante tres, ya que, pasado ese tiempo, disminuye su productividad.

Plagas que más las afectan

– Minador de hojas (Liriomyza trifolii): Para el control de los adultos se recomienda tratar con metamidofos, deltametrina y cipermetrina, que actúan como repelentes. En el control de las larvas, se emplea abamectina, imidacloprid.

– Trips (Frankliniella occidentalis): El tratamiento se realizará al obtener una buena penetración del producto en las zonas en las cuales habita el insecto, con una tamaño de gota grande y a presión baja, mediante nebulización térmica o a través del espolvoreo. Los productos más empleados son endosulfán, malatión, imidacloprid, Spinosad.

– Mosca blanca (Trialeurodes vaporariorum): Se recomiendan tratamientos preventivos con deltametrina, permetrina, dimetoato, metamidofos, triclorfón, imidacloprid.

– Araña roja (Tetranychus urticae): Se aconseja realizar su control con abamectina, azociclotin.

– Ácaros (Polyphagotarsonemus latus, Tarsonemus pallidus): Se indica hacer un deshojado previo y tratamientos directos hacia el centro de la planta con endosulfán, dicofol, tetradifón y propargite.

Enfermedades que más las afectan

Verticilium dahliae: Propia de las épocas invernales, esta enfermedad vascular provoca la obstrucción de los nervios de las hojas que, al no ser alimentados, se secan. La verticiliosis se manifiesta por un marchitamiento de la planta, acompañado de un amarillamiento progresivo de las hojas, con decoloración de nervios, para terminar secándose. Al final, la planta acaba por morir. Se inicia por las hojas más exteriores de la planta. Verticilium dahliae puede tener un importante efecto en la productividad (tamaño y rendimiento de las flores).

Control: No existe un tratamiento curativo, pero se pueden eliminar aquellas hojas afectadas y desinfectar el terreno previamente con metam-sodio o metam-potasio, aunque la pasteurización con vapor es más efectiva y segura que los fumigantes, para el tratamiento del suelo.

Rhizoctonia solani: Esta enfermedad causa daños a plantas jóvenes, pero también, a plantas adultas en situaciones de estrés. Su temperatura óptima para el desarrollo ideal se encuentra entre los 15-25ºC. Los síntomas de esta enfermedad son clorosis en las hojas y posterior envejecimiento y desecación de las mismas, para finalizar con la muerte de la planta.

Control: Como tratamientos preventivos se aconseja una limpieza de los restos de las hojas envejecidas en las plantas, buena ventilación del invernadero, regulación de la humedad del suelo, etc. Además, pulverizaciones a base de benomil.

– Oídio (Erysiphae cichoracearum):Propio de condiciones de clima seco, el oídio Erysiphae cichoracearum ataca, sobre todo, en el segundo año de cultivo. Con frecuencia, las hojas se cubren completamente con micelio blanco y conidias, y le da a la superficie de la hoja una apariencia pulverulenta. Las hojas gravemente infectadas se ponen amarillas y mueren.

Control: El aumento del movimiento del aire alrededor de las plantas tiende a reducir su potencial de infección. Entre los productos más empleados para su control, se destacan dinocap, fenarimol, triadimefón y azufre. Dentro de los controles biológicos de oídio, se puede usar el hiperparásito Ampelomyces quisqualis. Normalmente, el hiperparásito actúa mejor combinado con un fungicida.

Podredumbre gris  o moho gris (Botrytis cinerea): La enfermedad comienza en los tejidos senescentes y en descomposición. La humedad relativa alta (por encima del  93%) y la presencia de agua sobre los tejidos son factores predisponentes para que se produzca esta enfermedad. Las esporas son de fácil diseminación. La parte más afecta son los pétalos que comienzan a amorronarse.

Control:Una estrategia integrada, que combine el control ambiental, las prácticas culturales y los fungicidas, controlará más eficientemente esta amenaza siempre presente en los invernaderos. Un control efectivo requiere una atención esmerada para controlar la duración de la humedad de las hojas y la humedad relativa. Se debe mantener un adecuado espaciamiento entre las plantas y se deben usar bancadas con mallas abiertas y sistemas de circulación de aire que mejoren la ventilación. Los productos químicos más empleados son, por ejemplo: vinclozolina, iprodiones, y procimidona.

Sclerotinia sclerotiorum: Este hongo produce podredumbre blanda en la base de las hojas y en el cuello de las plantas. Se distingue por un abundante micelio algodonoso, sobre el que aparecen posteriormente nódulos negros que corresponden a los esclerocios.

Control: Se controla con los mismos productos usados para la podredumbre gris; se los debe aplicar en la base de la planta y en forma preventiva, evitando humedad en el cuello de esta.

Requerimientos básicos de cultivo

Suelo: Necesita suelos ligeros, profundos y aireados, que posibiliten un desarrollo sin limitaciones del sistema radicular de la planta. Ausencia de capas compactas en el terreno –por lo que hay que dotar al suelo de un buen drenaje, a fin de evitar, tanto la asfixia radicular a la que es tan sensible, como la infección de determinados hongos que afectan el cuello y el sistema radicular de la gerbera–. Terrenos poco calcáreos, con valores de pH medianamente ácidos -en el caso de no presentarse estas condiciones, la planta evoluciona con la presencia de numerosas clorosis, al no poder asimilar ciertos microelementos-. Suelos provistos de materia orgánica, que deberá estar bien fermentada para evitar favorecer la presencia de determinadas enfermedades y quemaduras en el sistema radicular.

Temperatura: La temperatura del suelo y del ambiente influye en la velocidad de la floración y en la longitud del pedúnculo. Asimismo, la temperatura ambiental interviene en la emisión de hojas, en el crecimiento de estas y la precocidad de la floración. La temperatura del suelo ejerce un efecto positivo sobre el diámetro de la flor y la longitud del pedúnculo, y el crecimiento de este es mayor en períodos oscuros; esto depende de la relación entre la temperatura del suelo y la del ambiente. Las bajas temperaturas en invierno pueden provocar malformaciones y abortos florales, debido a las deficiencias fotosintéticas y a la baja absorción de minerales a nivel de la raíz.

Humedad relativa: Humedades comprendidas entre el 75 y el 90% no presentan problemas, pero a valores mayores pueden favorecer el desarrollo de enfermedades como Botrytis.

Luminosidad: La gerbera es considerada como una especie indiferente al fotoperiodismo, aunque la luz ejerce su influencia en la emisión de los brotes laterales, que darán lugar a nuevas flores. Un mayor número de brotes laterales, en el momento de la antesis de la primera flor, incrementa la producción total de la planta, y por otro lado, el número de brotes laterales aumenta cuando las plantas se sitúan en condiciones de día corto. La luz influye en el diámetro del pedúnculo floral, en el color y en la tonalidad de las flores. A mayores niveles de radiación fotosintéticamente activa, (PAR) mayor número de flores.

Deshojado: Esta operación influye en el comportamiento del cultivo y, junto a las labores de recolección y preparación de la flor, constituye hasta el 80% de gasto del cultivo. El objetivo del deshojado es eliminar todas aquellas hojas envejecidas o las partes de la planta que impiden una correcta iluminación y ventilación, y que, a la vez, son el foco de parásitos y enfermedades. Se realiza a la primavera siguiente de la plantación.

Riego: El riego constituye una operación cultural muy importante. El agua aportada debe ser de buena calidad y con reducidos contenidos de calcio y otras sales solubles.  Para evitar un estrés hídrico, que provoque un retraso en el crecimiento de las plantas, debido a que las raíces no son capaces de extenderse y de explorar el suelo, es conveniente combinar con el riego las operaciones de sombreo y de ventilación, para que el suelo no se caliente y la planta pueda vegetar. Se aportarán de 15 a 20 l/m2 de agua, después de la plantación, y de dos a tres riegos diarios hasta que la planta se asiente, manteniendo el terreno húmedo, aireado y sin encharcamientos, para evitar la pudrición del cuello de las plantas. El riego será aéreo o localizado. Una vez que las plantas hayan enraizado, los riegos serán menos intensos y más distanciados en el tiempo.

Texto: María Violeta Piovano (INTA)