Ángel Fernández: especialista en bonsái
EXPERIENCIAS Todo comenzó en 1978: el regalo de un libro sobre bonsáis que cambió la vida de un joven estudiante, quien llegó a obtener una beca para estudiar este arte en Japón.

Todo empezó en 1978. Cuando cursaba el segundo año de la secundaria, el profesor de Botánica nos habló de unos árboles pequeños denominados bonsáis. Y, también, nos regaló un librito: Manual del Bonsái.
Recordemos que entonces no existía Internet y poco se sabía del tema en cuestión. Empezamos, junto con mi amigo, a recolectar las primeras semillas del parque General San Martín. Y así surgieron muchas preguntas para los profesores de la escuela agrotécnica, lo que nos llevó a realizar nuestra propia experiencia a base de prueba y error.
De esa manera, nos iniciamos con nuestras primeras plantas. Mi primer bonsái fue un jacarandá, al que tuve durante muchos años. Tenía muy poca información sobre sus cuidados y formas de cultivo.
Ya en 1999 volví a retomar el bonsái, pero dedicándole más tiempo y mayor cuidado a su cultivo. Actualmente, tengo olivos de ese año. Son plantas que se adaptan a las condiciones climáticas de nuestra provincia, Mendoza. Otras plantas también nobles son los ombúes, palos borrachos, olmos y ficus.
En 2016 realicé una pasantía de tres meses en una escuela internacional de bonsái en Japón, y allí pude comprender las condiciones y necesidades para el cuidado de estas plantas.
En la actualidad, mis preferidos son los olivos, con más de 25 años bajo mi cuidado. En mi colección también hay ginkgos biloba —uno con 64 años—, Pinus halepensis —70 años—, olmos chinos, jacarandás, ficus, ombúes, palos borrachos y juníperos, entre otros.
Ángel Fernández (64), viverista. @viveroelaljibe
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