Qué es la regla del 10-20-30, de Frank Santamour
Una propuesta para reinterpretarla y considerar los valores de cobertura en lugar del número de ejemplares. La actualización parte frente al cambio de paradigma que representa la silvicultura urbana y su vinculación con los servicios ecosistémicos.

Mucho se ha escrito sobre la famosa regla de Santamour o del 10 %, o, podría decirse que se la empleó ampliamente, desde que fue enunciada en la última década del siglo XX. La regla del 10-20-30, formulada por el Dr. Frank Santamour, propone que una población de árboles urbanos no debe incluir más del 10 % de cualquier especie, el 20 % de cualquier género y el 30 % de cualquier familia.
Sin embargo, la norma no definía, con claridad, cuál era la unidad a la que se referían dichos porcentajes, por lo que históricamente se interpretó que aludía a la cantidad de ejemplares.
La necesidad de replantear la regla
Personalmente considero que la homogeneidad y la dependencia excesiva de un “árbol urbano perfecto” generan una gran vulnerabilidad ante plagas y enfermedades.
Podríamos citar el caso del olmo americano (Ulmus americana): la pérdida de millones de ejemplares por la enfermedad del olmo holandés (DED) transformó de forma dramática y permanente el paisaje urbano en EE. UU.
Otro sería el caso del fresno (Fraxinus spp.): tras el desastre del olmo, se recurrió al uso masivo del género Fraxinus. Hoy presenciamos un daño severo causado por el barrenador esmeralda del fresno (EAB). Este fenómeno debe ponernos en alerta, ya que el fresno americano (Fraxinus pennsylvanica) es una de las especies más representativas y frecuentes en el arbolado público de nuestras ciudades.
Redefinir la regla según la cobertura
Frente al cambio de paradigma que representa la silvicultura urbana y su vinculación con los servicios ecosistémicos, la aptitud del bosque urbano no queda determinada por el número de ejemplares, sino por la cobertura que su dosel proporciona.
Dado que no existe un tamaño estándar entre especies, en términos ecológicos y foliares no es lo mismo perder cierta cantidad de árboles pequeños que la misma cantidad de árboles de gran porte.
Por ejemplo, la cobertura proyectada por un solo árbol grande (dosel de 12 m de diámetro, ~110 m²) se equipara a la de 2 árboles medianos (8 m de diámetro) o a 4 pequeños (6 m de diámetro). Los servicios ecosistémicos y el área foliar se incrementan exponencialmente con el tamaño del árbol.
Por estas razones, se considera oportuno modificar y redefinir la regla incorporando la cobertura arbórea:
– No superar el 10 % de cobertura con una misma especie.
– No superar el 20 % de cobertura con un mismo género.
– No superar el 30 % de cobertura con una misma familia.
Criterios sobre diversidad y especies no nativas
El cambio climático: Constituye una amenaza clave por el aumento de temperaturas, sequías y olas de calor.
Microambientes urbanos hostiles: La diversidad por sí sola no garantiza mejores resultados si las especies no toleran las duras condiciones urbanas. Las especies con buen desempeño no deben ser reemplazadas a la ligera por otras de bajo rendimiento.
Uso de especies exóticas: Enfatizo que no podemos permitirnos excluir en general a las especies no nativas. Limitarse tan solo a especies autóctonas en entornos urbanos severos puede comprometer seriamente la resiliencia del ecosistema.
- Conclusión
Considerar los valores de cobertura en lugar del número de ejemplares refuerza el criterio de sostenibilidad, completando junto a la seguridad y la sanidad los pilares fundamentales —lo que defino como las “tres S”— sobre los que debe asentarse el arbolado urbano.






