Graciela Verzino, especialista en Prosopis

EXPERIENCIAS Ingeniera Agrónoma recibida en la Universidad Nacional de Córdoba, nos cuenta cómo fue trabajar en el Banco Nacional de Germoplasma de Prosopis, creado en 1985.

Graciela Verzino. Foto: gentileza de Graciela Verzino

En 1988, la vida me trajo nuevamente a la Universidad Nacional de Córdoba, en la que me había recibido de ingeniera agrónoma, diez años atrás.

Allí, me acerqué a un grupo multidisciplinario, dirigido por el Ing. Ola Ulf Karlin, abocado al estudio y la conservación de una especie emblemática de la Argentina: el algarrobo, y todas las especies del género Prosopis (actualmente Neltuma), tales como caldén, ñandubay e itín. Pronto me integré al equipo del Banco Nacional de Germoplasma de Prosopis, creado en 1985.

El Banco tenía, entre otras funciones, la de conservar la variabilidad genética de especies consideradas prioritarias del género Prosopis, así como conocer la distribución, caracterizar las poblaciones y recolectar, procesar y proveer semilla de alta calidad fisiológica y genética.

Para cumplir esos objetivos, recorrimos miles de kilómetros en viajes de exploración y cosecha de frutos, desde La Pampa hasta Salta, desde Mendoza hasta el Chaco. Así, conocí los parajes más distantes y bellos, como también, las situaciones sociales más marginales, y las más dignas.

Todos los árboles cosechados se describían y georreferenciaban, se herborizaba su follaje, los frutos se trillaban para obtener semilla limpia. Cada muestra se analizaba en su calidad y se almacenaba.

De esta manera, el Banco Nacional de Germoplasma de Prosopis, que coordiné desde 1990 hasta 2017, en que me jubilé, se constituyó en el primer reservorio de semilla certificada de algarrobo a nivel nacional, y el más importante proveedor de germoplasma para la producción en viveros, investigación y educación.

Graciela Verzino (71), ingeniera agrónoma.

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