Mi obra paisajística más difícil
Tres paisajistas cuentan cuál fue el trabajo más complicado que desarrollaron, cómo solucionaron el problema en ese momento y de qué manera lo solucionarían ahora. Eduardo Vera, Virginia Saiz y Eduardo Stafforini.

Eduardo Vera
Mi trabajo más difícil fue en relación con un jardín muy grande, propiedad de una bodega mendocina. El tema fue que a mi cliente todo le parecía muy caro, ¡porque yo quería usar muchas plantas! Y todas las propuestas le resultaban costosas.
Lo resolví en un momento de inspiración, cuando decidí poner plantas que fueran de producción y no ornamentales ¡Resultó increíble! Quedó un proyecto muy novedoso y muy creativo.
Hoy, después de esa experiencia, tengo un as bajo la manga: poner en valor las plantas de producción como ornamentales.
Virginia Saiz
Mis trabajos más difíciles fueron la realización de un proyecto para un espacio perteneciente a una zona declarada Patrimonio de la Humanidad, ya que había que respetar absolutamente todos los lineamientos que atañen a dicha calificación; y el desarrollo de un jardín vertical en una vivienda urbana, hace ya años, cuando todavía no eran tan conocidos en nuestro país.
Me pareció que la manera correcta para solucionar los inconvenientes que se me iban presentando era estudiar lo más posible al respecto, y conectarme a la vez con profesionales que habían trabajado en estas temáticas con anterioridad, para intercambiar ideas. En cuanto al jardín vertical, resolví el problema del riego trabajando con fieltro y sustrato. De esta manera, se conservó la humedad y los nutrientes permitiendo renovar con facilidad las plantas, si sufrían algún tipo de contrariedad.
Creo que a pesar del tiempo transcurrido, comenzaría a remediarlo de la misma forma, informándome, ya que la mejor manera de resolver un inconveniente, es conociendo a fondo de qué trata lo que necesitamos realizar y, entonces, lo más seguro es que las respuestas vayan surgiendo solas.
Eduardo Stafforini
Mi madre fue paisajista; mi padre es viverista de alma; y yo, apasionado por las plantas desde siempre. Fuimos y somos muy protectores de los añosos ejemplares que encontramos en cada uno de los parques, en los que trabajamos. Si no se pueden dejar en el sitio en que están, intentamos trasplantarlos decididamente. Así es que nos vimos ante varias situaciones complejas y difíciles. Desde una palmera Phoenix canariensis, de 16 m de altura, hasta cinco tipas de 25 m y 20 t, dieciocho araucarias de 60 años, y unas sesenta y cinco plantas ejemplares de Mar del Plata, que tuvieron que ser ingresadas a través de médanos en Pinamar. Cortes de calles, carretones especiales, palas articuladas, grúas adaptadas, camiones y choferes preparados para la situación, fue lo habitual.
Aunque la maquinaria es decisiva para el movimiento de plantas tan pesadas, siempre la colaboración de personas del lugar, con sus elementos y su esfuerzo, fue lo que plasmó con éxito cada una de las intervenciones. El desafío es excitante: estimula a la gente y suma voluntades hasta en las circunstancias más complicadas.
La tecnología ha sumado mejores elementos y mucha experiencia, y ya no es extraño, en el ambiente de viveros y paisajistas, el manejo de los grandes ejemplares. Pero creo que el ingenio de nuestra gente seguirá siendo la mejor herramienta para la resolución de las tareas más diversas y extrañas que nos puedan aparecer.






