Sustratos para terrazas verdes y jardines verticales
Cuáles son los requisitos básicos que deben cumplir. Además: por qué surgen estos espacios; de qué se alimenta una planta en un jardín vertical, y cómo lo hace.

Al tratar un tema tan interesante y de moda como es el de los jardines verticales y las terrazas verdes, creo importante hacer un poco de historia para ver cómo arribamos a la situación actual y, a su vez, establecer las diferencias para cada caso.
El aumento de la población en las ciudades y, simultáneamente, la reducción de los espacios verdes (horizontales y a nivel del suelo), ha inducido a la humanidad a buscar una solución “mirando hacia arriba”, intentando disponer de superficies vivas, en las que antes solo existían frías paredes de cemento; emulando a los creadores de los Jardines Babilónicos o a la sabia naturaleza, en donde los podemos encontrar formando parte de imponentes paisajes.
Hasta hace unos años, lo más parecido a un jardín vertical fueron las paredes tapizadas por las enredaderas trepadoras, fijadas a las mismas por sistemas naturales o por distintos tipos de conducciones hechas por el hombre.
En el primer grupo de trepadoras, es posible citar la ampelopsis, la hiedra y la enamorada del muro; y en el segundo, la clemátide, la santa Rita y la glicina, por mencionar algunas.
Lo que debe quedar claro es que una pared verde no es un jardín vertical, pues entre sus tantas diferencias, hay una primordial, que es la forma de alimentación de las plantas para cada caso en particular.
Las enredaderas trepadoras que se desarrollan sobre las paredes se alimentan a partir de las raíces que exploran un suelo o un contenedor con tierra en la base de la pared.
Las plantas de los jardines verticales hacen su alimentación en el lugar en el que les toca crecer, acorde con el criterio y el diseño del paisajista interviniente.
¿Qué come una planta en un jardín vertical y cómo lo hace?
El panorama es un tanto confuso, debido a los distintos sistemas de nutrición creados para las plantas y a los distintos requerimientos de las especies vegetales. He llegado a escuchar comentarios extremos como: “No les ponemos nada” o “no se alimentan”, en referencias a plantas crasas, como son las cactáceas. Esto es una falacia, pues todo organismo vivo que respira debe alimentarse por poco que extraiga de un suelo o de un sustrato.
Los alimentos que se les debe proveer van a estar directamente vinculados con el tipo de planta que se trate, en relación con sus requerimientos nutricionales y la exigencia de agua, a lo que se agrega el sistema seleccionado para que accedan a los nutrientes.
Si es un sistema de hidroponía, el alimento se disuelve en el agua de riego, a la que, generalmente, mediante una bomba, se la hace circular y recircular, con la finalidad de hacer más eficiente el uso del agua y de los nutrientes disueltos en ella.
Si la especie seleccionada es de muy bajos requerimientos, normalmente con un sustrato de escasos contenidos en nutrientes se la mantiene, hasta tanto duren los mismos. Agotados, se comienza con fertilización o se reemplaza el sustrato con el consabido gasto que implica.
Recordemos que se entiende por sustrato orgánico a todo material sólido distinto del suelo, que colocado en un contenedor, en forma pura o en mezcla con otros inertes, permite el crecimiento, desarrollo y anclaje de la raíz, y desempeña, por lo tanto, un papel de soporte.
Si no estuviéramos frente a los casos anteriores, es decir, de bajos mantenimientos, y se tratara de plantas con mayores exigencias, una posibilidad sería utilizar los sustratos que hemos mencionado.
Para que el sistema elegido -a fin de lograr un nuevo espacio verde (jardines, techos y terrazas verdes)- pueda tener sustentabilidad y, a su vez, requerir menores tareas de mantenimiento, los sustratos a utilizar deben cumplir con determinados requisitos básicos, tales como:
Bajo peso: el sustrato elegido debe pesar lo menos posible, ya que habrán de considerarse “las cargas” -o lo que vulgarmente, se conoce como “peso”- que deben soportar las paredes y/o los techos. Para lo cual, se lo tiene que alivianar haciendo participar en la mezcla a componentes de menor peso específico que la tierra negra humífera, como por ejemplo, turba o compost de altísima calidad.
Adecuado drenaje: el sustrato que se utilice debe tener de alta a mediana capacidad de pasaje del agua por el mismo, de tal forma, que no se retenga el agua más allá de lo necesario y no se produzcan efectos negativos de pérdida de nutrientes por lavado de los mismos. Además, el agua retenida inútilmente aumenta el peso en forma considerable y permanente.
Alta concentración de nutrientes disponibles: para lograrlo, el material utilizado debe ser rico en materia orgánica. Es la única manera de asegurar por un tiempo prolongado el aporte de los nutrientes necesarios, previo a tener que comenzar a fertilizar por agotamiento del sustrato.
Buena estructura: fundamental para que, con el correr del tiempo, no se compacte e impida el pasaje y la acumulación del agua en exceso.
Recordemos que no tener en cuenta lo comentado es “llamar” a los problemas fitosanitarios (enfermedades como las podredumbres y los decaimientos generales), facilitando, también, el accionar de las plagas.
Si bien, las características de los sustratos destinados a jardines verticales, en su mayoría, son coincidentes con los utilizados en las terrazas verdes, cabe señalar que, en los techos o en las terrazas verdes, las precauciones deben extremarse, al ser las cargas mayores sobre la construcción existente, considerando que el espesor del sustrato es mayor -10 a 15 cm finales para céspedes – y que, en muchos casos, se plantan especies arbustivas, y hasta arbóreas, a lo que se suma el posible tránsito de personas. No olvide -por su seguridad y la de terceros- realizar la consulta a un arquitecto respecto del peso que puede soportar su techo o su pared, antes de concretar el proyecto.
Texto: Agustín Sañudo






