Huertas floríferas

Laura Pardo, socia de Bottega Italiana, explica cómo funciona un negocio cuyo fuerte es el cultivo de hortalizas para jardines familiares. Una empresa que crece cada vez más en los countries.

Laura Pardo. Foto: Gentileza Bottega Italiana

El objetivo de Bottega Italiana es entender la huerta como una parte más del jardín o de la casa. Por eso, el lema de la tienda  es “Jardín de Hortalizas”, dice Laura Pardo (45).

Cuando volví al país –2006–, después de vivir en Torino (Italia), empecé a pensar en las espléndidas huertas que había visto en Italia, Francia e Inglaterra, y quise recrear algunos de esos sabores en mi quinta, en Exaltación de la Cruz (Buenos Aires). De esta manera, Bottega Italiana comenzó en 2008 como un vivero productor especializado en plantines de hortalizas (vendía –sobre todo a particulares que tenían huertas  y a paisajistas a los que les pedían diseñar huertas), y a lo largo de estos años, también colaborando en la difusión de la temática de huertas en distintos ámbitos, como la feria Caminos y Sabores, asimismo, en la muestra Expoagro,  y en asociaciones, por ejemplo, Huerta Niño. En 2012 se incorporaron a la sociedad la Ing. Agr. Claudia Bachur y la diseñadora industrial Carolina Fuentes, incrementando fuertemente su potencial. Hoy Bottega Italiana cuenta ya con su primera tienda en Pilar, con el objetivo de ser un espacio dedicado exclusivamente al mundo de la huerta.

¿Cómo se proyecta un negocio de estas características?

Nuestro público objetivo son las familias: aquellas que se inician en el mundo de la huerta y las que necesitan renovar y mantener las que tienen. Nosotros tratamos de que les sea  fácil la puesta en marcha y el mantenimiento de ese espacio, para que no se desmoralicen y se frustren ante la falta de dedicación y tiempo, debido a la situación en la que vivimos.

Por eso iniciamos la tarea con módulos realizados en distintas maderas y medidas, ya estandarizados, que incluyen: el cantero de madera, el sustrato orgánico, los plantines, el diseño, repelentes, fungicidas, abonos orgánicos y mano de obra.

Como referencia, un módulo de 1 x 1 x 0,15 m, de madera dura tratada, tiene un costo aproximado de $1200; uno rectangular, de quebracho colorado, de 2 x 1 x 0,15 m,  cuesta $1980, aproximadamente –agrega, al ser consultada sobre los precios que llegan al público–… Por ejemplo, una huerta de 10 x 10 m puede abastecer a una familia de entre seis y ocho miembros.

¿Desarrollan alguna actividad de difusión o enseñanza en torno a esta actividad?

Sí, dictamos cursos. Son solicitados por los particulares, y, desde que abrimos la tienda a finales del año pasado,  se ofrecieron talleres gratuitos sobre huerta orgánica. Estuvieron a cargo de la Ing.  Agr. Claudia Bachur (una de las socias).

Para este año estamos organizando el calendario de los  talleres y cursos que serán dictados  por distintos profesionales, desde chefs (enseñarán a realizar platos sanos y ricos con los frutos de nuestra huerta), ingenieros en alimentación (cómo cocinar y almacenar en conservas los productos y excedentes de la huerta). Estará presente, también, el mundo de las aromáticas: para qué sirve cada una, cuidados requeridos, métodos de propagación, secado y almacenamiento, etc.

Esta información ayuda a que la gente se interese por el mundo de la huerta, por un estilo de vida diferente y sano, y por supuesto, a mantener la fidelidad de nuestros clientes.

¿Quiénes se encargan de proyectar estos productos que mencionas; por ejemplo, los módulos?

Carolina Fuentes, la otra socia del emprendimiento, que es diseñadora industrial y  viaja constantemente por el mundo trayendo ideas e implementándolas en nuestro país.

¿Diseñan huertas? ¿Qué otros servicios ofrecen?

Sí, diseñamos huertas especiales, pero en ese caso, son proyectos. Siempre tenemos la idea  de incorporarlas al jardín. Respecto de los restantes servicios, ofrecemos mantenimiento periódico que consiste en recambio de plantines, desmalezamiento y tratamiento fitosanitario, y asesoramiento.

En general, nuestros principales clientes son familias que viven en countries, en zona norte, y quieren tener su primera huerta, y en Capital, aquellos que desean disponer en sus balcones de un mueble huerta. También, los paisajistas que nos compran los plantines o tercerizan con nosotros el armado de la huerta, a estos últimos  no les es fácil conseguir plantines de buena calidad, sanos y orgánicos, en el mercado de viveristas.

De las variedades de hortalizas no convencionales; ¿cuáles son las más populares? ¿Qué costo tienen en relación con las otras hortalizas?

Las más solicitadas son los radiccio: Di Lusia, Castelmagno y Di Teviso Tardivo, tomate italiano San Marzano y las lechugas baby. Su costo está entre un 15 y un 20% mayor que el de las hortalizas convencionales,  ya que las otras provienen de semillas importadas y se cultivan en un período muy corto,  dadas las altas temperaturas veraniegas de Buenos Aires.

¿Has notado algún tipo de evolución en cuanto a la demanda de huertas en el jardín?

Se ha incrementado por diversos motivos. En mi opinión y de acuerdo con nuestro público (ABC1): por la tendencia, como dije antes,  de volver a lo sano y natural (la calidad y valor nutricional) y tener la verdura en la propia casa; por el auge de la “onda verde”, puede advertirse esto en la cantidad de tiendas de gastronomía; por los chefs que, a través de la televisión (en la Argentina y en el exterior), las difunden mucho y cocinan siempre con esos productos; de hecho, los aconsejan. Algunos padres consideran conveniente  acercar a sus hijos a la naturaleza. Buscan la grata experiencia de cosechar lo que cultivan, la calidad del alimento (en cuanto a sabor y valor nutricional)  y el contacto con la vida sana y natural. Estos son algunos de los motivos observados por mí.