Valor agregado en arte floral

Especial de Emilia Nardi para Economía & Viveros.

Foto: Emilia Nardi

La técnica es un conjunto de saberes y procedimientos que se utiliza para obtener un resultado deseado. Aunque no es privativa del hombre, sus técnicas suelen ser más complejas que las de los animales, que solo están relacionadas con la supervivencia.

Muchas de ellas son espontáneas e innatas; requieren cierta destreza manual y/o intelectual, suelen transmitirse de persona a persona, y cada uno las adapta a sus necesidades.

La técnica supone un razonamiento y, en situaciones de una misma conducta o procedimiento, produce el mismo efecto.  Nace de la imaginación, y luego se pone en práctica; muchas veces, se origina en la prueba y el error.  Se transmite entre personas y mejora con el tiempo y la práctica. Cada individuo le pone su sello personal.

En arte floral, la técnica es valorada por clientes exigentes, y junto con la cultura, las emociones, los conocimientos botánicos y la teoría conforman las herramientas de inicio en el proceso de diseño.

¿Para qué sirve la capacitación? Entre otras cosas, para aprehender nuevas técnicas, nuevos conocimientos en el hacer; para evaluar la propia capacidad y conocer  sus límites; y sobre todo, para enriquecimiento personal.

Todas las técnicas son útiles si cumplen con la premisa establecida. Una correcta técnica de hidratación poscosecha, sumada  a una buena manipulación del material, que ha sido perfectamente estibado y transportado, colocado en la cámara fría respetando los tiempos límite de cada variedad, llegará al profesional florista en condiciones óptimas para ser elaborado y transformado en un diseño floral. 

El oficio del florista tiene mucho del artesanal; las técnicas de elaboración se transmiten de generación en generación. Son lo más valioso del oficio. 

La competencia actual que afecta al rubro deriva de la incorporación en el mercado de diseñadores, arquitectos, organizadores de eventos, artistas plásticos, etc., que utilizan las técnicas y capacidades adquiridas en sus propias profesiones. Esto no solo es una competencia: deberá ser visto como un gran desafío a superar. 

El ojo es el órgano explorador; el cerebro elabora; el corazón aporta el sentimiento a transmitir, y las manos se convierten en el instrumento que, por medio de técnicas adecuadas, realiza la obra. Las motivaciones para incorporar técnicas complementarias e innovadoras al diseño floral son varias:

. Personalizar, obtener un objeto único.

. Recuperar un elemento en desuso, que perdió su valor.

. Adaptarlo a un ambiente o a una situación.

. Dar una respuesta expresiva a una superficie.

. Disfrutar el momento de crear.

. Vencer  la competencia.

Pintura, parafina, yeso, arcilla, estuco, enduido, cortezas, troncos, hojas, semillas, papel, guata, metal, cola vinílica… infinidad de opciones. Atado, pegado, cortado, rasgado, enrollado, apilado, superpuesto, doblado… miles de posibilidades, y cada una de ellas estará aportando textura, color; maravillosas vibraciones de los materiales.

La constante innovación tecnológica y técnica aplicada a la materia prima (por ejemplo, al alambre decorativo de aluminio) y la carga simbólica y de identidad aplicada al diseño (el mismo producto utilizado como estructura de soporte en un ramo de novia de nuevas tendencias) provoca que el producto final sea más competitivo, se adapte a la moda, conjugue con la tendencia actual, sea mucho más liviano y fácil de portar.

La elección de materiales con rasgos propios, distinguibles, es valorada y consensuada por el mercado; este fenómeno es un proceso que, sumado a la correcta utilización de técnicas, sorprenden al cliente y convierten al florista en un profesional destacado.

La profesión es el conocimiento del producto y de la técnica. 

Texto: Emilia Nardi (Floral Designer de la Universidad de Pavia (Italia)