Ernesto Rossi, florista internacional

Profesor y fundador de la Escuela Iberoamérica de Arte Floral y, también, tercera generación de florista, el especialista nos habla sobre cómo nacieron los cursos para capacitar a estos profesionales en la Argentina.

Ernesto Rossi. Foto: Economía & Viveros

El ingeniero agrónomo Ernesto Rossi (50) tiene su florería, Donna Fiori, en la capital de la provincia de Corrientes. Se ha graduado como florista profesional en la Escuela Española de Arte Floral (España), y perfeccionado sus estudios en el instituto Lion Formafleurs (Francia). Además, brindó cursos y seminarios, y fue jurado en diferentes países de Latinoamérica.

¿Existe para la Argentina un hecho, nacional o internacional, que marque un antes y un después en relación con el arte floral?

Totalmente, pero como para aclarar un poco, debo remontarme a lo que fue la floristería nacional y por qué no también, Latinoamericana, hasta aproximadamente los 90. Y lo que pueda decir sobre esto no es porque sea tan viejo, sino porque soy tercera generación de floristas -lo fue mi abuelo paterno al venir de Italia, y lo es mi padre, oriundo de Cañada de Gómez (Santa Fe), radicado en Corrientes por razones de estudio, donde conoce a mi madre, ¨Chinonga¨, maestra de escuela en esa época y luego convertida en la mejor florista de nuestra ciudad de Corrientes-.

Hasta esa época, la formación del florista consistía, pura y exclusivamente, en la práctica autodidacta, porque los conocimientos se transmitían boca a boca: de los más antiguos a los que recién se iniciaban. No existían textos técnicos específicos al respecto; lo poco que había eran simples fotografías de arreglos florales básicos que eran copiados y adaptados a conveniencia, según la oportunidad. 

Recuerdo que, por intermedio de la Asociación de Empresarios Floristas Iberoamericanos, mis padres concurrieron a un congreso de gremio en Buenos Aires, organizado por la Asociación Argentina de Floristas. Entonces, se dieron cuenta de que existía la posibilidad de alcanzar una capacitación enfocada desde un aspecto muchísimo más profesional.

Al año siguiente (1987), ese congreso tuvo  sede en San Pablo (Brasil), y asistí junto a mis padres. En esa oportunidad, conocí a maestros floristas profesionales europeos, concretamente de la Escuela Española de Arte Floral, con sede en Alcobendas, cerca de Madrid, lugar en donde luego tomé los cursos correspondientes y adquirí posteriormente el título de profesor de arte floral. 

Es así que la Asociación de Floristas Iberoamericanos convoca a un grupo de floristas de diferentes países de Latinoamérica para formar la propia escuela: nuestra Escuela Iberoamericana de Arte Floral (EIAF), de la cual soy miembro fundador y director de estudios desde hace varios años. A partir de ese momento (1989), se comienzan a dictar en Latinoamérica los cursos correspondientes, sobre la base de los conceptos teóricos y prácticos correspondientes a este arte. A fin de que transmitiera estos conceptos quedé a cargo de esta disciplina en la Argentina.

A continuación, se formaron los primeros floristas profesionales y se llevó a cabo la Primera Copa Nacional de Arte Floral: El Ceibo de Oro, evento que hasta la actualidad se desarrolla cada dos años en diferentes provincias de nuestro país. En ese momento, es que la actividad de la floristería toma un enfoque ya más técnico dentro del arte.

En relación con esto que expresas: ¿quién es tú referente en la Argentina y en el exterior? En cuyo caso, ¿por qué los eliges?

Sin lugar a dudas, mi referente en la Argentina fue y lo sigue siendo un excelente profesional, un gran amigo y mi primer maestro: Mario Antonelli, a quien tuve la oportunidad de conocer durante un evento internacional, y fue la persona que encaminó mis primeros pasos dentro del Arte Floral Profesional.

A nivel internacional, me identifico muchísimo con la tendencia alemana en cuanto al manejo de los elementos, sean orgánicos o también otros no convencionales. En este sentido creo que los maestros Gregor Lersch y Klaus Wagner son dos exponentes magníficos de la floristería internacional.

¿Cuál fue el trabajo que al hacerlo te impactó en mayor medida?

Si bien mi participación como representante argentino en la Copa Mundial en Holanda (1997) hace que guarde un grato recuerdo por la exigencia y la minuciosidad de los trabajos realizados, creo que uno de los que más me satisfizo fue el realizado en el Hotel Bellagio, en Las Vegas (Estados Unidos), durante la convención anual de la Flowers Transword Delibery (2000), para la cual fui invitado junto a otros tres diseñadores (de Inglaterra, Tai Wan y EE.UU.) para realizar una demostración floral. Allí, nos dieron a escoger una de las pinturas que se encuentran expuestas en la galería de arte del Bellagio para representarla. Yo había escogido una obra de Claude Monet: Water, bridget and lili pont, que la plasmé foralmente en un diseño de grandes dimensiones -aproximadamente de 2x2x3m-, fue un trabajo reconfortante y que gustó mucho.

¿Has tenido un cultivo de flores o has pensado tenerlo?

Sí. Tuve a mi cargo el cultivo de jazmín del cabo, de mi padre, aproximadamente unas seis hectáreas y durante veinte años. En la actualidad, producimos follajes para autoconsumo.

El hecho de ser cultivador que comercializa sus productos por mayor, ¿te dejó alguna enseñanza en particular? ¿Quizá cierta visión sobre la actividad del cultivador?

Sí. Al respecto me gustaría destacar dos aspectos: el primero de ellos es que creo que el cultivo y la producción a nivel mayorista, en la Argentina, representa una excelente oportunidad para crear fuentes de empleo, ya que requiere de mucha mano de obra; y el segundo, es que soy un convencido de que es conveniente especializarse en  determinadas especies y no diversificar mucho, para poder ofrecer productos de mejor calidad.

¿Crees que los consumidores de las provincias piden cosas diferentes en comparación con los consumidores de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires?

Creo que los hábitos de consumo en la Argentina son iguales tanto en Capital Federal como en el interior, puede haber algunas diferencias mínimas, pero eso es lógico por tratarse de algo tan especial como es la flor. Si bien el consumo no es el que quisiéramos, no es malo.

Por ejemplo, nosotros, y creo que tendría que generalizar e incluir Latinoamérica, tenemos cierta tendencia a los colores fuertes, chillones, bien inquietos… (rojos, naranjas, amarillos). Y esto está muy relacionado, aunque no nos demos cuenta, a las temperaturas medias anuales del continente, en que prevalece el clima cálido, y lógicamente también a nuestro temperamento y cultura, diferentes a los  europeos, quienes prefieren los colores fríos y tranquilos, azules, violetas, etc.

En cuanto al material (flores y follajes) que utilizas en tu florería, ¿lo consigues en Corrientes o lo traes de otras provincias?

En invierno trabajamos con material originario de nuestra provincia; sobre todo, de  la producción de Santa Rosa (Corrientes), que tiene su pico de máxima, y abastece gran parte de la Argentina, y, lógicamente, a nosotros. Mientras que el resto del año normalmente nos abastecemos con productos de Buenos Aires, tanto de la Cooperativa Argentina de Floricultores como de Mercoflor.

¿Cuál fue el avance más importante que hizo el sector florícola en los últimos años?

Indudablemente, la producción florícola en nuestro país ha tenido un mejoramiento importantísimo en los últimos años. Me refiero a la amplia oferta que tenemos en cuanto a variedades dentro de la misma especie. Si bien no es la totalidad de los cultivos, contamos con productores que nos brindan realmente excelencia, por calidad, variedad y tipificación. Se ha mejorado muchísimo también en el embalaje, sobre todo, para los floristas del interior.

¿Podrías darnos un ejemplo?

Recuerdo, que hace 35 o40 años, cuando pedíamos flores a Buenos Aires, las mandaban en fardos envueltos con papel madera. Paquetes de flores grandes, donde había variedades diferentes, por lo que una gran cantidad de esa mercadería, se terminaba deteriorando, lo que significaba una pérdida importante. Hoy por hoy, la utilización de cajas resistentes, bunches de menor cantidad de flores, etc., hacen que la flor llegue en mejores condiciones a destino.