Paisaje, planificación urbana y prevención de desastres
Comprender la geomorfología y el funcionamiento natural del territorio es clave para planificar ciudades sostenibles, minimizar riesgos de inundaciones y erosión, y evitar pérdidas económicas. El caso de Santa Teresita (Buenos Aires).

Por Jorge O. Codignotto*
El paisaje guarda una relación directa con la geomorfología, ya que representa los fenómenos físicos que tienen lugar en la superficie terrestre. La geomorfología ofrece la perspectiva más eficiente y sostenible del paisaje cultural original, al mismo tiempo que ayuda a mitigar riesgos en forma razonable frente a potenciales desastres como inundaciones, deslizamientos de tierra y otros sucesos, frecuentemente exacerbados por la intervención humana.
Leer el paisaje implica:
1) Aprovechar el paisaje del que se dispone.
2) Economía máxima en la utilización de este.
3) Prevenir sucesos naturales potencialmente dañinos.
En el caso de las áreas costeras, fluviales, lacustres o marinas, el factor geomorfológico (física del paisaje) es esencial, dada su consideración ambiental, para evitar el deterioro del ecosistema y sus consecuentes pérdidas económicas y los posibles graves daños.
Existe un fenómeno global señalado por las Naciones Unidas sobre el desplazamiento de la población hacia las zonas costeras. La Argentina no es ajena a esta tendencia; desde hace años, la mayor densidad poblacional se concentra en las áreas costeras como Tierra del Fuego, Santa Cruz, Chubut, Río Negro y Buenos Aires. A esto se suman también las provincias de la Mesopotamia, así como las áreas lacustres como Nahuel Huapi, Viedma, Lácar, Traful, Puelo y otras.
Santa Teresita: ejemplo de uso incorrecto territorial
Durante la década de 1940, se llevó a cabo la modificación del campo de dunas de Santa Teresita (Buenos Aires). El diseño urbanístico estableció una pendiente hacia el mar en las calles perpendiculares a la costa. Como consecuencia, durante lluvias intensas, el agua que se dirige al mar forma en la playa una cárcava que suele alcanzar aproximadamente 1metro de profundidad, 40 metros de anchura y entre 100 y 200 metros de longitud.
Este fenómeno contribuye a la erosión de la costa debido a la corriente de deriva (representada en la imagen por un vector rojo continuo), que actúa como una especie de cinta transportadora. Es decir que las 40t aportadas por las cuatro calles son evacuadas por la corriente de deriva generando una efectiva erosión costera de origen antrópico, jamás tenida en cuenta.
No obstante, debe señalarse que no se trata de un análisis revisionista destinado a buscar responsabilidades. En la década del cuarenta, no se leía el paisaje porque no se tenía conocimiento sobre la funcionalidad de las dunas, ni del ascenso del nivel del mar, ni del impacto de las corrientes de deriva.

Esta es una de las razones por las que resulta esencial comprender el paisaje desde una perspectiva física. Este conocimiento permite planificar su uso de manera que no se altere la esencia por la cual fue seleccionado. Asimismo, se busca garantizar que los costos de manejo sean reducidos y, sobre todo, evitar situaciones que puedan propiciar eventos críticos y sus devastadoras consecuencias, como pérdidas de vidas humanas y daños materiales.
Para abordar los fenómenos provocados por la ocupación del territorio y el cambio climático, como el aumento del nivel del mar y las alteraciones en la dinámica
hidráulica de ríos, lagos y costas marinas, resulta fundamental interpretar (leer) el paisaje. Esto permite comprender su evolución natural, sin intervención o con intervenciones planificadas, y facilita la toma de decisiones respecto de las posibles acciones sobre el territorio.
* Dr. en Geología Jorge Osvaldo Codignotto (UBA-CONICET)
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