Estados Unidos: el cuello de botella de la floricultura es la rentabilidad
El Dr. Claudio Pasian, profesor asociado de la Universidad Estatal de Ohio, estuvo en Buenos Aires y dictó uno de los cursos de la Maestría en Floricultura.

Fue la familia que me llevó a radicarme en los Estados Unidos. Soy argentino, y trabajo allí desde hace 17 años. En la Universidad, hago investigación y extensión en floricultura (plantines y plantas en maceta; en Ohio, ya no queda flor de corte debido a la importación de Sudamérica). Trabajo con productores en forma directa o con agentes de extensión ubicados en varias regiones del estado de Ohio, donde hay alta densidad de productores de plantas ornamentales en invernáculo. Mi trabajo exige que haga tanto extensión como investigación, pero más de lo primero que de lo segundo. Así,se presentó Claudio Pasian.
¿Cómo vivieron los floricultores estadounidenses el ingreso de flores de Sudamérica?
Para explicar y comprender esto, primero hay que saber que los primeros invernáculos se construyeron en Ohio a los comienzos del siglo XX para la producción de hortalizas. Allí los inviernos son crudos y no se puede cultivar nada al aire libre. Y antes del advenimiento del transporte refrigerado, cultivar hortalizas en invernadero era muy rentable. Además, Ohio tenía industrias del hierro, del vidrio y la madera para la construcción de los invernáculos, también carbón para alimentar las calderas que los calefaccionaba. Esta industria hortícola fue floreciendo hasta que el transporte refrigerado se abarató y permitió traer hortalizas de regiones templadas, como por ejemplo, el sur de California. Para sobrevivir, los dueños de los invernáculos abandonaron la producción de hortalizas y comenzaron cultivar flores de corte: rosas, claveles, y crisantemos. A pesar de que las condiciones climáticas no eran favorables, pudieron competir con flores provenientes de California y otros Estados del oeste, hasta fines de los sesenta y comienzos de los setenta. El advenimiento de las flores colombianas marcó el comienzo del fin de esta industria.
Cuando yo llegué a Ohio, en 1994, quedaban tres cultivadores de rosas. Seis años después, ya no había ninguno. ¿Qué hicieron estos cultivadores de flor cortada? Algunos quebraron; la mayoría se convirtió en productores de plantines y plantas en maceta. Todo un ejemplo de adaptabilidad. Además, es importante señalar, como dicen por estos pagos, que “lo único constante es el cambio”…
¿Cuál es tu visión de la floricultura argentina?
Me siento incomodo opinando sobre esto, pues no tuve, en los últimos años, la oportunidad de visitar cultivos del país. Lo que sí puedo decir es que hace unos años, cuando los visité, noté que había problemas con sustratos y con la fertilidad de los cultivos. Pero no estoy en condiciones de dar un diagnóstico al respecto. Sospecho que el alto costo de los insumos debe de ser una de las razones que causa problema.
¿Estados Unidos sufre el problema del alto costo de los insumos? ¿Cómo maneja esto?
Que yo sepa, no hay estudios comparativos de los costos de producción florícola en la Argentina versus Estados Unidos, pero sospecho que allí los costos son relativamente más bajos. Estoy seguro de que el costo del transporte es menor en Estados Unidos, pero la mano de obra es más cara, y se compensa con la mecanización.
Una pregunta en relación con el motivo de tu viaje, ¿en qué consiste el curso que dictas dentro de la Maestría de Floricultura (UNLZ-INTA)?
Soy coordinador -junto al Ing. Daniel Morisigue- del curso de Fisiología Vegetal. Cubro varios tópicos del curso que también es dictado por otros docentes del INTA y de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires.
¿Has brindado otros seminarios en nuestro país?
Si, cada dos años, dicto otro curso de posgrado de floricultura en la Escuela para Graduados de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires.
Al respecto, una de tus especialidades es el estudio de modelos matemáticos para el desarrollo y el crecimiento de los cultivos florícolas, ¿puedes explicarnos algo sobre ellos?
Recuerdo que hace veinte años pensábamos que con el advenimiento de los computadores, los modelos matemáticos tendrían gran aplicación práctica en floricultura. El tiempo nos ha vuelto a la realidad y nos ha mostrado que la industria no tiene interés en ellos. Seguimos, sí, usando modelos para hacer investigación. Pero parte del problema es que la respuesta de las plantas a las variables ambientales es función de la especie y, en algunos casos, del cultivar. Y como en floricultura, se usan muchas especies e, incluso, más cultivares, que, para peor, cambian después de algunos años de estar en el mercado, esto hace necesario una recalibración de cada modelo al nuevo cultivar. En consecuencia, no es rentable.
¿Alguna otra investigación que quieras comentar?
Actualmente, realizo estudios de fertilidad utilizando fertilizantes orgánicos que son producidos con desechos de otras industrias, como por ejemplo, tambos, criaderos de aves, etc. La idea es que algunos productores utilicen estos fertilizantes para satisfacer parte de la clientela que los demanda. Y al mismo tiempo, hacer desaparecer los desechos que sean potencialmente contaminantes para las industrias mencionadas.
En la Argentina, los productores de flores de corte y plantas ornamentales están prácticamente convencidos de que es imposible calcular tanto el costo de una planta o flor, como su rendimiento o la cantidad estimada de ventas a futuro –en unidades–. Según tu experiencia, ¿cómo manejan esto en EE.UU.?
Poder se puede. En Estados Unidos, la mayor parte de los productores no calculan los costos de producción de cada cultivo. Solamente lo hacen algunos cultivadores grandes. –Quizá, por eso se hicieron grandes…–. A nivel nacional, tenemos unos pocos economistas que realizan sus trabajos de investigación en floricultura. Los costos de producción por ellos calculados son usados como puntos de referencia por muchos cultivadores. Lo trágico es que el productor más chico, a quien más le beneficiaría calcular sus costos de producción, no lo hace. En estos momentos de crisis económica en Estados Unidos, esta es una “materia pendiente”. Hoy por hoy, en Estados Unidos, el cuello de botella de la floricultura se presenta en mayor medida respecto de la rentabilidad que de los problemas de tipo técnico que pueda ofrecer.






