El paisaje como atractivo turístico
Uno de los principales activos de la industria turística, el paisaje, enfrenta hoy los riesgos del crecimiento desordenado y del turismo masivo. Replanteo de los modelos de gestión y conservación.

Cuando elegimos el destino de un viaje turístico, lo hacemos, fundamentalmente, motivados por un atractivo.
El paisaje natural y cultural constituye el principal recurso con que cuenta dicha industria para operar.
Este paisaje urbano, periurbano, rural o natural despierta interés en cuanto a su conocimiento y motiva el desplazamiento de las personas de otras regiones para vivenciarlo e incorporarse por algún tiempo a su cotidianeidad; no obstante, es un recurso especialmente vulnerable.
Turismo masivo y desafíos ambientales
Nos encontramos hoy con un turismo de masas o mal gestionado, muchas veces considerado como simple crecimiento, que puede poner en peligro el paisaje en su naturaleza física, en su integridad y características identificativas, así como en su autenticidad.
En un mundo en el cual, demográficamente, los ciudadanos vivimos cada vez más en las grandes urbes, la necesidad de contacto con la naturaleza se vuelve muy importante.
En las últimas décadas, ha crecido la preocupación por el cuidado y protección del ambiente, por prácticas saludables y la búsqueda de la armonía con el medio natural. El turista de esta nueva época procura entablar una experiencia con la naturaleza, asumir un rol activo y participativo, lograr un encuentro con lo auténtico y se responsabiliza progresivamente frente a la actividad.
El Comité Mundial de Ética del Turismo ha preparado los “Consejos prácticos para el viajero responsable”. Estos pregonan el respeto por nuestro mundo y por todo aquello que nos hace diferentes y únicos, el cuidado de los recursos de la naturaleza, la vida silvestre y su hábitat, y dejar tras de sí la menor huella posible.
La importancia de la planificación y la gestión sostenible
Esto nos compromete con una planificación integrada de desarrollo sostenible y conservación, a través de una gestión compatible de control de riesgos de impactos paisajísticos y medioambientales, a fin de lograr un desarrollo responsable, económicamente viable y equitativo para las comunidades locales, un desarrollo turístico donde el ambiente deja de ser un “medio” para transformarse en un fin en sí mismo.
Desde la gestión, es necesaria la difusión, comunicación e información clara, con señalización universalmente comprensible. Asimismo, la accesibilidad, la seguridad, la creación de centros de interpretación en los cuales el visitante se sienta bienvenido e informado y se atienda sus necesidades. En otras palabras, centros que sensibilicen sobre los valores del lugar. Como así también favorecer la prestación de servicios de escala y calidad adecuadas.
También es fundamental diseñar e incorporar el equipamiento necesario en total sintonía con el sitio: senderos, pasarelas, miradores, áreas de descanso y recreación, alimentación y hospedaje.
Prestar una atención especial al papel del transporte y sus efectos sobre el medio ambiente, así como al desarrollo de instrumentos y medidas orientadas a reducir el uso de energías y recursos no renovables.
Plantear aforos, restricciones de uso y acceso, épocas de veda, preservación de especies autóctonas, entre los muchos temas que surgen a considerar en el seguimiento sistemático del impacto del turismo en el paisaje.
Del turismo sostenible al turismo regenerativo
Estamos pasando de un enfoque de consumo masivo a un turismo regenerativo y responsable.
Es un modelo evolutivo que va más allá de la sostenibilidad, que tiene como objetivo dejar a los sitios mejor de lo que estaban, pasar de un impacto neutro a uno positivo. Esto implica una restauración activa que repara ecosistemas y preserva el patrimonio, con un enfoque sistémico que entiende el turismo como un sistema vivo, de experiencias significativas y economía circular.
Y es aquí donde la planificación del paisaje desempeña un rol significativo.
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