Cora Burgin: “No me parece ético responder a todos los deseos del cliente”
La Coordinadora del Programa para Graduados en Arquitectura del Paisaje, de la Universidad Torcuato Di Tella, explica el paisajismo en la Argentina.

Desde tu puesto dentro de la universidad y del Programa citados, ¿qué puedes contarnos sobre esta capacitación?
El programa de estudios está destinado a profesionales de la arquitectura, la agronomía, la planificación y los estudios urbanos, pero también hemos tenido alumnos psicólogos, abogados, economistas y de ciencias de la educación. En fin, de ramas interesadas en el espacio público, en todas sus expresiones, tanto para entes gubernamentales como de la esfera privada.
Actualmente, va por su octavo año, y tenemos una media anual de veinticinco alumnos, que vienen desde Río Gallegos hasta Misiones, y otros países, por ejemplo, Colombia, Uruguay, Paraguay y España. Como directora del programa, puedo decirte que me interesa la diversidad que este intercambio cultural y geográfico nos ofrece para estudiar.
Es importante, también, saber que opinión te merece, además de ser disertante, el hecho de asistir al Congreso y Exposición Nacional de Viveristas.
Nos resulta muy interesante para los profesionales en arquitectura paisajista para ponernos al tanto de las novedades y compartir con colegas. Siempre se nos presenta algún material nuevo, nos reencontramos con plantas que, quizá, hace tiempo no usábamos, con profesionales que, por razones de trabajo, no vemos frecuentemente, o en mi caso, viveristas con los que tenemos contacto por mail, pero que no conocíamos personalmente. Fue muy gratificante.
¿Cuál es el trabajo que destacarías de todos los que has desarrollado hasta el momento? ¿Y por qué?
¡Qué pregunta difícil…! En realidad, me interesan casi todos los trabajos que hacemos. Como profesora, no puedo dejar de tomar cada nueva encomienda como un caso de estudio, por más que la problemática sea repetida. Hoy te diría que es el Parque Natural de la Ciudad de Neuquén del que ganamos el concurso en el 2009 y para el que firmamos contrato hace unos días. La semana pasada te hubiera dicho que es el del parque sobre losa de las Torres X de Capital, que ya estamos terminando, o del jardín tropical dentro de un shopping en Tucumán, y mañana será otro. Todo depende de las oportunidades para estudiar que ofrezca cada trabajo.
¿Qué juicio te merece el paisajismo argentino en relación con el internacional?
El paisajismo en la Argentina aún se desarrolla fundamentalmente en la esfera privada, con contadas excepciones se da en lo público. Todavía no existe una legislación para que los trabajos que se lleven a cabo en el espacio público sean realizados por profesionales idóneos. En Alemania, por ejemplo, esta legislación está vigente desde hace más de veinte años: cada municipio tiene que tener arquitectos paisajistas en sus oficinas de planeamiento. Pero supongo que, a medida que en la Argentina se vayan afianzando las carreras de grado y de posgrado, esto va ir cambiando. En el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, ya trabajan varios egresados de las carreras existentes en el país.
¿Quién es el profesional internacional que, según tu criterio, marca tendencia?
A nivel internacional me interesan Peter Latz para los parques posindustriales, Diller-Scofidio del Highline (aunque son arquitectos, trabajan con biólogos y agrónomos), Thomas Balsley, West 8 y Turenscape, con sus propuestas supercreativas y originales. Hay muchos, y varias obras innovadoras en el ámbito internacional.
¿Consideras que las terrazas y paredes verdes son sustentables?
Otra pregunta difícil. Las terrazas verdes, en todas sus acepciones (solo como recubrimiento verde o jardines sobre losa), son interesantes y necesarias. En cuanto a las paredes verdes, ¿de qué tipo? Como las de Patrick Blanc, con la capa de fieltro y permacultura, o las de estructuras metálicas dobles con enredaderas o los paneles con bolsillos, o . . . Por supuesto que todo se puede resolver técnicamente y que si están muy bien hechas son hermosas. Pero de allí a que sean ambientalmente más eficientes que una buena enredadera, te diría que no. Y lo que me parece fundamental (aparte del enorme costo de las de fieltro, lo cual ya por principio no me parece económicamente sustentable) es advertir los problemas del mantenimiento. No se puede proyectar algo, construirlo, y luego trasladarle un mantenimiento complicado al cliente, que tenga, por ejemplo, que contratar una hidrogrúa para cambiar el helecho que está a 6 m de altura. No me parece ético responder a todos los deseos del cliente, solamente porque el tema está de moda. Mejor perder un trabajo en ese caso.






