La petunia que no era tal: un endemismo patagónico
Descripta originalmente como Nierembergia patagonica, devino su denominación en Fabiana australis. Una historia muy interesante que incluye a Carlos Ameghino, hermano del célebre Florentino Ameghino.

A fines del siglo XIX, al poco tiempo de que la Argentina tomara posesión efectiva de la Patagonia, duplicando su territorio luego de la Campaña del Desierto comandada por Julio Argentino Roca, el por entonces recientemente creado Museo de La Plata iniciaba una serie de exploraciones científicas a esa tierra incógnita.
Carlos Ameghino: el naturalista viajero
Entre los años 1887 y 1903, Carlos Ameghino, quien se desempeñó como naturalista viajero en el Museo de La Plata, realizó varios viajes de exploración a la Patagonia.
Fue nombrado en su cargo por el mismo fundador y director del museo, Francisco Pascasio Moreno, que, en ese tiempo, había sido designado también como perito argentino para demarcar la frontera en la Cordillera de los Andes entre la Argentina y Chile.
Carlos era hermano menor del célebre Florentino Ameghino, destacado este como el primer representante de la ciencia argentina de relieve mundial: sobresalió, siendo autodidacta, en la paleontología, la antropología y la geología. Juntos, los hermanos realizaron descubrimientos clave sobre la fauna extinta y el poblamiento antiguo de América.
Si bien Florentino es el más reconocido de los Ameghino, sus logros científicos dependían del extraordinario y sacrificado trabajo de campo llevado a cabo por Carlos.
La colaboración científica entre ambos hermanos fue muy estrecha, complementándose a la perfección. Mientras uno descubría los yacimientos paleontológicos y extraía los huesos de animales extintos, que luego enviaba a su hermano con precisas notas de campo; el otro se encargaba de clasificarlos, dar nombre a las nuevas especies y publicar los descubrimientos que sorprendieron al mundo científico.
Sin las exploraciones de Carlos, Florentino no habría tenido los materiales para sus teorías. Sin el análisis de Florentino, los descubrimientos de Carlos no habrían tenido la misma magnitud científica. Juntos marcaron una época de oro para la paleontología argentina.
El hallazgo de una planta muy particular
Originalmente, sobre la base de una muestra tomada por Carlos Ameghino en el Golfo de San Jorge, en 1896, una nueva especie vegetal perteneciente a la familia de las Solanáceas fue descubierta.
Al año siguiente, esta planta fue descripta como Nierembergia patagonica por Carlos Spegazzini, un destacado botánico ítalo-argentino, para quien Carlos Ameghino había confeccionado una colección de herbario. Décadas más tarde, en 1941, la especie fue transferida al género Petunia: Petunia patagonica (Speg.) Millán; esta denominación perduró por muchos años más.
En 2013, el INTA, con la colaboración del Dr. João R. Stehmann (Brasil), publica el género Petunia para la Flora Argentina, obra editada por el Instituto de Botánica Darwinion (CONICET) y el Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (CONICET-UNC). En ese trabajo, se menciona que la especie Petunia patagonica debía ser excluida de dicho género, ya que sus características morfológicas no concordaban con las definidas para este.
Más tarde, en 2015, un equipo de investigadores del Brasil, entre los que se destaca la Dra. Loreta B. Freitas, con la colaboración del INTA, sugieren su afinidad genética con el género Fabiana.
Finalmente, en 2022, se lleva a cabo formalmente el cambio nomenclatural, y la especie fue transferida a Fabiana, bajo el nombre científico Fabiana australis Alaria.
Exclusiva de la Patagonia y de valor ornamental
Esta planta, que sólo se encuentra naturalmente en la Patagonia argentina, está citada para las provincias de Chubut y de Santa Cruz. Habita regiones secas con suelos arenosos o areno-pedregosos, formando grandes poblaciones muy llamativas por el hábito y su profusa y vistosa floración.
Se trata de un subarbusto de forma achaparrada y compacta, con aspecto de almohadilla o cojín, lo que ayuda a que se proteja del viento y del frío. Además, este tipo de crecimiento le permite retener humedad y acumular materia orgánica, lo cual mejora las condiciones del suelo de su entorno.
Por su atractiva floración, la planta es de gran valor ornamental, pero, como muchas especies del extremo austral, no tolera climas cálidos, y su cultivo es posible únicamente en ambientes similares al de su hábitat natural.
Sobre el autor
Julián A. Greppi
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