Darwin: orquídea, lombrices y ecología
Además de introducir el concepto de comunidad de descendencia y presentar a la selección natural como el mecanismo que permite el surgimiento de nuevas especies, varios de sus libros fueron los primeros tratados sobre Ecología.

El nombre de Charles Darwin —el más famoso naturalista— está firmemente asociado al concepto de evolución biológica. La publicación de sus libros: El origen de las especies, en 1859, y El origen del hombre, en 1871, revolucionó, y sigue revolucionando, las ideas científicas, sociales y religiosas de todo el mundo. Sin embargo, Darwin no inventó la evolución.
Las ideas de cambio y transformación del mundo natural son muy antiguas, como las expuestas por Anaximandro de Mileto (500 años a.C.). Sin remontarnos tanto en el tiempo, el propio abuelo de Charles (Erasmus Darwin) era evolucionista, y su nieto nació el mismo año en que Jean Baptiste Pierre Antoine de Monet, Caballero de Lamarck, publicaba la primera teoría sobre evolución. ¿Cuál fue, entonces, el aporte del joven naturalista al pensamiento evolucionista?
Dos fueron las propuestas innovadoras de Darwin. En primer lugar, introdujo el concepto de comunidad de descendencia. De la misma manera que cada uno de nosotros formamos parte de un árbol genealógico familiar, Darwin propuso y demostró que todos los seres vivos integramos un gran árbol (o trama) en el que estamos conectados a través de relaciones ancestro-descendientes.
En segundo lugar, Darwin presentó a la selección natural como el mecanismo que permite el surgimiento de nuevas especies. Esta última idea fue desarrollada paralelamente por Alfred Wallace, naturalista inglés que por aquel entonces trabajaba en el archipiélago malayo, y juntos presentaron la teoría en 1859.
Pero pocos saben que, en 1862, Darwin publicó La fecundación de las orquídeas, la primera demostración del poder y la importancia de la selección natural en la evolución biológica. En el prólogo del libro, plantea que el objetivo del mismo es: “… demostrar que las invenciones por las cuales las Orquídeas son fertilizadas, son tan variadas y casi tan perfectas como cualquiera de las adaptaciones más hermosas en el reino animal; y, en segundo lugar, para mostrar que estas invenciones tienen como objeto principal la fertilización de cada flor”.
En este rico, exquisito y extenso trabajo, plasma sus observaciones sobre las adaptaciones que presentan las orquídeas y que les permiten ser polinizadas por insectos. Bajo la luz de su teoría, explica cómo aquellas nuevas variaciones en la forma y el color de las flores de orquídeas, que permiten que los insectos las visiten en busca de néctar, aseguran la polinización y, de esa manera, la reproducción y conservación de estas características.
Los insectos, como parte del ambiente, “seleccionan”, entre toda la variedad de flores, aquellas que poseen características más adecuadas para asegurar su alimentación. Este proceso de selección natural, sostenido por miles de generaciones, puede dar origen a una especie nueva de orquídea.
Además de su estudio sobre las orquídeas, Darwin desarrolló ingeniosos experimentos para estudiar el crecimiento de las plantas trepadoras y dedicó su último libro —publicado en 1881— a la importancia de las lombrices en la formación del suelo.
Dicha obra, La formación del moho vegetal por la acción de los gusanos, fue el resultado de más de 40 años de trabajo. Entre sus experimentos, Darwin inventó un aparato que le permitía medir cómo y cuánto se elevaba el suelo por la actividad de las lombrices.
Muy probablemente, el famoso naturalista haya escrito estos dos libros con el objetivo principal de apoyar la importancia de la selección natural en su teoría; sin embargo, ambos se transformaron en los primeros tratados de Ecología. El trabajo sobre las orquídeas sentó las bases respecto de la importancia de las relaciones cooperativas entre especies que forman parte de la dinámica de los ecosistemas y son el principal motor de la evolución de la biosfera, y se considera que el libro sobre el rol de las lombrices es la obra que inició el estudio de la biología del suelo.
Texto: Dr. Tristán Simanauskas (Universidad Nacional de La Plata)






