Caracterización de los cultivos de San Pedro, Buenos Aires

Es una de las mayores zonas productoras de plantas ornamentales, principalmente, árboles y arbustos. Actualmente, su sistema de producción hace que la temporada clave para la comercialización de estos cultivos se dé en los meses de otoño-invierno.

Foto: Economía & Viveros

Según el último censo realizado (2005) en este partido, ubicado en la región norte de la provincia, en esos momentos existían 101 viveros, que representaban 921 hectáreas en producción. Sin embargo, un posterior relevamiento aerofotográfico (2006) determinó que esa superficie, en realidad, ascendía a 1500 hectáreas.

A su vez, mientras en la actualidad, se analiza la posibilidad de realizar un nuevo censo, estudios preliminares están arrojando los siguientes resultados:

La actividad económica generada por estos cultivos es muy importante. Brindan anualmente entre 150 y 200 jornales por hectárea. También, se observó que la mano de obra de estas empresas es básicamente familiar: solamente se contrata personal para tareas específicas, como por ejemplo: realizar injertos, “arrancada” de plantas y envasado (aunque, en general, se venden a raíz desnuda o en cepellón —terrón—).

Es común que muchos de los cultivos de esta zona se realicen directamente en el suelo, por lo tanto, el trabajo en ellos es estacional (por ejemplo, muchas de las plantas sólo pueden ser “arrancadas” cuando pierden sus hojas en las temporadas de frío, por eso, otoño-invierno son los meses en que más se vende).

Un dato interesante es que en el 80% de los viveros trabajan tres o más familiares, generalmente, los progenitores y sus hijos; consecuencia de que en muchos de estos casos, el cultivo está atravesando por su tercera generación.

Las actividades realizadas por los familiares que trabajan en las empresas son variadas, de producción (en el campo), de comercialización y administrativa. Dada la estructura de estas empresas, no se puede identificar la especialización de la actividad según género o edad, por lo que es muy común que cada uno haga un poco de todo.

Los productores familiares de pequeña escala (aquellos que tienen menos de 5 hectáreas) son responsables del 65% de los viveros de la zona y trabajan un total de 142 ha. Lo que hace un promedio de 2.15 ha/productor.

La actividad de vivero en general es muy diversificada. Se ha observado que se producen, en la mayoría de los cultivos, más de cien variedades de plantas. Sin embargo, existen cultivos que, por tradición, son producidos desde  hace décadas, como por ejemplo, los rosales, los jazmines y los frutales. En el caso de los rosales, es clave señalar que son cultivados por la mayoría de los productores (77.2 %), mientras que el 52 % de ellos son productores pequeños.

La comercialización apunta a satisfacer, principalmente, una demanda mayorista: viveros de venta al público o aquellos que deseen, por motivos especiales, llevar grandes cantidades de plantas, por ejemplo, para la forestación de un campo. A pesar de este dato, se observa que la venta directa al consumidor adquiere importancia en los viveros más pequeños y  ubicados en los accesos a la ciudad cabecera, y en aquellos que deben diversificarse a fin de dar trabajo a los integrantes de la nueva generación.

Con respecto a la tecnología, puede decirse que es un sector innovador y reinvierte permanentemente en mejoras para incrementar la calidad y cantidad de plantas en producción, tanto es así que el 61% de los viveristas posee invernáculos, y el 78%, sombráculos.

Sin embargo, dentro de los problemas técnicos que hacen a la producción, los productores destacan: el uso elevado de tierra negra (sumado al desgaste de los suelos de los campos); el manejo de sustratos; las deficiencias nutricionales, debido al riego con agua de calidad regular; las malezas (sobre todo, aquellas que vienen con algunos sustratos), y las dificultades en la propagación de algunas especies.

Texto: Laura Hansen (INTA)