Áreas verdes urbanas como ecosistemas
Los consumidores habitan, en su mayoría, en las ciudades; en tanto que el alimento que consumen proviene de otros ecosistemas, como mares, ríos y agroecosistemas ¿Por qué es importante conocer la relación entre los organismos productores, los consumidores y los descomponedores?
Las ciudades son sistemas ecológicos muy singulares. En ellas se encuentra invertida la relación entre los organismos productores (las plantas), los consumidores (los animales herbívoros, carnívoros u omnívoros -como el ser humano-) y los descomponedores (hongos, bacterias). Predominan ampliamente los consumidores y su alimento proviene de otros ecosistemas, como mares, ríos y agroecosistemas.
Funciones ecológicas de los espacios verdes urbanos
En el interior de las ciudades, los productores se concentran en los espacios verdes, donde las tramas alimentarias son más complejas que en el entorno artificial circundante. Esas áreas se asemejan a los ecosistemas naturales, ya que captan la energía del sol, tienen tramas tróficas con forma de pirámide y en ellas se realiza, in situ, gran parte de la descomposición de la materia orgánica local.
Desde el punto de vista de la ecología, las funciones más importantes de los espacios verdes urbanos son su contribución al confort urbano, la conservación de la biodiversidad y la mitigación de impactos del cambio climático.
El manejo adecuado requiere completar en ellos los ciclos biogeoquímicos, que se encuentran interrumpidos en las ciudades. Ello se logra mediante la gestión del agua (riego, escurrimiento), el reciclado de nutrientes y el mantenimiento de la estructura y la fertilidad del suelo. El control de las plagas, las especies invasoras y la contaminación, así como la restauración ambiental, permiten mitigar los impactos indeseados de la vida urbana.
Diversos estudios muestran que, tomados en conjunto, los espacios verdes urbanos públicos (plazas, parques, aceras) y privados (jardines, baldíos) albergan una gran cantidad de especies, tanto exóticas como nativas. Por eso, las ciudades pueden transformarse en refugios o reservorios para la conservación de la biodiversidad.
Educación ambiental: el ecosistema del jardín urbano
A nuestro alrededor suceden múltiples relaciones ecológicas; sólo tenemos que descubrirlas. En el jardín podemos observar cómo funcionan los ecosistemas y cuáles son las relaciones alimentarias entre especies, conocidas como tramas tróficas (quién come a quién).
- Plantas y algas: base del ecosistema
El suelo, el aire y el agua proporcionan el sustrato físico-químico para los organismos vivos. A las plantas, la clorofila les permite transformar la energía del sol en tallos, troncos, hojas, flores coloridas y perfumadas, frutos y semillas comestibles.
Tanto los vegetales como las algas son indispensables para la vida en el planeta y constituyen la base de la pirámide alimentaria de los seres vivos como productores de materia orgánica. De ellos se alimentan los herbívoros, como las hormigas cortadoras de hojas, las orugas que las roen prolijamente y los caracoles que las raspan; también las aves y los pequeños mamíferos que se alimentan de frutos y granos.
- Predadores y descomponedores en el ecosistema del jardín
En el nivel superior, están los predadores, como sapos, mantis religiosas, arañas, aves insectívoras y las vaquitas de San Antonio, grandes cazadoras de pulgones. La trama trófica se completa con los descomponedores, o sea, los hongos y las bacterias que completan el ciclo de la materia al alimentarse de hojarasca y de los restos de la materia orgánica para transformarlos en gases y sales que utilizan las plantas para crecer.
La biodiversidad oculta en los espacios verdes urbanos
Disfrutamos del colorido, la variedad y los perfumes de los jardines, pero el suelo también está repleto de sorpresas. Allí transitan las disciplinadas hormigas, los escurridizos ciempiés y los gusanos que airean el suelo y distribuyen nutrientes. Con una lupa pueden encontrarse miles de diminutos colémbolos saltarines.
Hay especies notables, como las cochinillas de la humedad y los “bichos bolita”. A pesar de las apariencias, no son insectos, sino uno de los poquísimos grupos de crustáceos que lograron adaptarse a la vida terrestre. Y están también los líquenes, maravilloso ejemplo de colaboración con beneficios mutuos (simbiosis) entre algas y hongos.
Numerosas especies, como hormigas, escarabajos, caracoles y sapos, realizan en el jardín su ciclo de vida desde huevo a adulto. Algunas, como el sapo común y ciertos escarabajos, pueden hibernar ocultos durante meses.
Abejorros, mariposas y colibríes lo visitan cada día para libar flores. Muchas aves cazan insectos, buscan semillas, exploran o simplemente se posan para descansar. Estos viajeros conectan áreas verdes entre sí, ampliando la variedad de relaciones biológicas.
Sobre el autor
José R. Dadon






