Cómo hacer un bonsái

¿Cómo concebirlo, a partir de una planta de vivero? ¿Cuál debe ser la estructura de la planta? ¿De qué manera se realiza la poda estructural? ¿Cómo se alambra?

Foto: gentileza de Sergio Luciani

Para dedicarse al cultivo de bonsái, es necesario tener nociones básicas de horticultura, pero también es preciso conocer los principios y elementos del diseño.

En principio, puede decirse que es una obra de arte dinámica, en continua evolución, en la que deben respetarse las características que ese ejemplar tendría en su hábitat natural.

La mayoría de los árboles y arbustos pueden cultivarse como bonsái, a partir de semillas, esquejes, plantas de vivero, plantas silvestres y bonsáis jóvenes.

Recurrir a los ejemplares que podemos encontrar en un vivero forestal es una buena opción para acortar la escala del tiempo, sobre todo, cuando se trata de especies de lento crecimiento.

La Camelia japónica es una especie que, en  invierno, cuando la mayoría de los árboles muestra su elegante desnudez, con su brillante follaje y las vistosas flores, da un toque de color a una colección de bonsái.

Paso a paso

En cualquier vivero, encontrará una variada oferta de camelias: elija un ejemplar de tronco flexible y abundante ramificación baja.

Después de cortar el borde del contenedor, quite la tierra con la herramienta denominada “garra de oso” y la ayuda de un pincel, hasta encontrar las primeras raíces gruesas.

Analice las posibilidades que le ofrece el ejemplar con el que va a trabajar; luego, seleccione las ramas que va a cortar o quitar (de acuerdo con los cánones establecidos) al realizar la poda estructural.

Después de podar, comience a alambrar. Recuerde que debe empezar por el tronco y las espiras deben presentar un ángulo de 45º. Después de modelar el tronco y alambrar las ramas, imprímales la curvatura deseada. La forma de las ramas debe acompañar a la del fuste.

Retire la planta del contenedor y, con la garra de oso, libere un tercio de la masa radicular. Luego, pódenla en la misma proporción.

Como las camelias necesitan, para prosperar, un suelo ácido, prepare un sustrato que contenga un 70% de turba y un 30% de arena gruesa de río. Coloque una capa de sustrato en el fondo de la maceta, luego ubique la planta y agregue sustrato hasta completar el volumen del contenedor. Paso seguido, con la ayuda de un palito de bambú, haga penetrar el suelo entre las raíces.

Para finalizar, agregue hormona antishock  al agua de riego y realice una irrigación profunda.

Texto: Marita Gurruchaga