Adaptarse a la floricultura que viene

Casi en cualquier parte de nuestro planeta es posible vender una flor proveniente de un punto geográfico absolutamente distante respecto de aquél.

A lo largo de estos últimos 50 años, en la floricultura del mundo se han operado cambios fundamentales. La flor se convirtió en un producto mundial e, incluso, llegó a constituir un business global. Casi en cualquier parte de nuestro planeta es posible vender una flor proveniente de un punto geográfico absolutamente distante respecto de aquél.

En la Argentina, parte de ese cambio ha tenido un gran impacto en los últimos 20 años, especialmente en lo referente a la tecnología de la producción. Pero, sin duda, ha sido la economía global la que ha provocado la modificación de paradigmas para formar la nueva gestión y producción florícola. En la floricultura nacional, el gran cambio se ha producido cuando se transitó de una producción artesanal a una producción industrial, para lograr una producción realizada en escala y en forma eficiente.

Asimismo, dicho proceso ha modificado la manera de pensar la producción y la comercialización en función del productor y la ha convertido en una forma de gestión, producción y comercialización en función del consumidor. Tengamos en cuenta que la flor es barata desde el punto de vista del productor, pero es cara para el consumidor.

Por otra parte, casi un siglo de historia de la floricultura argentina habla de la cultura que se ha creado en torno a la flor y a la planta en esta sociedad. Es evidente que existe un sector de nuestra población tradicionalmente consumidor y amante de las flores y de las plantas. Pero es cierto también que se ha sofisticado y ampliado en nuestro medio social el uso de flores y plantas, ya no sólo destinado al disfrute particular/familiar (entorno íntimo), sino también con un objetivo social y empresarial.

En consecuencia, a las profundas transformaciones de estos últimos años, se agregan los desafíos que se aproximan para el sector: cambio generacional en el sector productivo; modificación en la gestión de las empresas florícolas; aumento potencial de la demanda acorde con un estilo de vida culturalmente asociado a las flores y a las plantas; estratificación de la sociedad como mercado consumidor.

En este sentido parecería interesante señalar que así como puede observarse hacia dónde apuntan la moda, los modelos de autos, los tipo de celulares, las zonas y los estilos de edificación de las viviendas, etc., también podría inferirse que tanto flores como plantas no serán ajenas a esta línea de consumo social, y, por consiguiente, el sector floricultor debería adaptarse a la nueva realidad.

Quizá, prueba de esta tendencia que ya se hace sentir sea este artículo, en esta novísima página web, cuyo objetivo principal será reflejar situaciones, necesidades, nuevos enfoques y un largo etcétera significativo.    

Texto: Ing. Agr. Daniel E. Morisigue (Instituto de Floricultura del INTA)